K-Pop: la vida de un Trainee. Pt. 1: El inicio de la aventura

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La serie de reportajes que te explicará paso a paso la vida de un trainee en el mundo del K-Pop desde el comienzo


Hoy es el día de la audición. Choi Min-ki se levanta de un salto unos minutos antes de que el reloj de su mesilla de noche marque las seis y la alarma suene. Hace sólo un par de horas que decidió echarse en la cama, porque era incapaz de dormir a causa de la ansiedad. Más que ansiedad es inseguridad. El miedo de que todo lo que ha trabajado por llegar a ese momento se disuelva en cenizas. El calendario de pared tiene rotulado unas grandes letras en rojo: D-Day. Min-ki lleva un año preparándose para ese momento. En lugar de ir a clases particulares para mejorar sus notas convenció a su madre para que le pagara unas clases de canto en un pequeño conservatorio y, a pesar de las constantes objeciones de su padre, siguió asistiendo. Su sueño es ser ídol de la compañía SM. Que su cara aparezca sonriendo en televisión y en los grandes carteles de los edificios. Que griten su nombre mientras ve millones de luces centellear en un estadio por él.

No le dice nada a su madre. Desayuna lo mismo que todas las mañanas: arroz, algo de kimchi y sopa, coge la mochila y se pone los zapatos para ir al instituto. Solo que esa vez no piensa llegar a la puerta principal. Min-ki tiene 15 años y vive en Busán. No es muy inteligente, así que sus notas son humildes, igual que su familia. La ciudad está llena de carteles que anuncian la audición de SM para reclutar futuros trainees. Sabe que no es una garantía de que vaya a debutar, pero es mejor que nada. Es mucho más que nada, porque de miles de adolescentes del país que asistirán a las audiciones en sus ciudades sólo seleccionarán a 30.

Toda su confianza se desploma cuando aparece con su uniforme azul viejo y rellena su formulario en las mesas de la entrada. Hay cientos de chicos agolpados haciendo cola, todos indudablemente mejores que él. Algunos no tienen apenas 12 años. Escucha voces elevarse por encima del aire con timbres que nada tienen que envidiar a las divas del pop americanas; chicos rapeando o haciendo streetdance y movimientos tan fascinantes y perfectos como los que Min-ki ve todos los días en televisión. La mayoría de ellos parecen haber sido entrenados desde niños en escuelas privadas profesionales. Hasta su forma de mirar o hablar es diferente. Quería luchar. No amedrentarse ante nada ni nadie, porque deseaba aquello, porque no tenía otra opción, pero aquella tarde llegó sin nada a casa. Lo único que consiguió aquel D-Day fue el golpe de su padre por haberse saltado las clases y el vacío en su corazón de no haber pasado ni la primera ronda.

Fuente: Sports Seoul

Min-ki, que es alegre y extrovertido, se encierra en sí mismo durante una semana. Porque todo parecía tan fácil en los doramas… nunca había pensado en lo que haría si fallaba, pensó que al menos tenía la capacidad de ser trainee. Pero recuerda un documental que vio donde la mayoría de los ídols de un grupo habían sido desechados incluso después de debutar en la compañía en la que estuvieron durante más de 6 años. ¿Qué le había hecho pensar que él conseguiría ser escogido al primer intento? El problema era que su mente no quería aceptar estar en otra compañía. Porque SM es la mejor. Pero si para ser ídol tenía que renunciar a ella lo haría. En un mes JYP empezaría su casting nacional. La primera ronda ni siquiera sería presencial. Y era algo que no sabía si lo aliviaba o lo asustaba aún más. Tenía que enviar un vídeo a la dirección de correo facilitada por la compañía. Así que eso fue lo que hizo.

Le llamaron. Min-ki pasó todas las rondas y le llamaron. Estuvo en las nubes todo el día. Era incapaz de ocultar la sonrisa de su rostro y la euforia en el instituto. Pero cuando sus pasos se acercaban a la puerta de su casa otra preocupación comenzó a rondarle la cabeza. Cómo iba a decírselo a sus padres. Como era menor de edad, sus padres necesitaban firmar el contrato de JYP por él para que comenzase el entrenamiento. Además tendría que mudarse a Seúl. Ser un trainee implicaba que eras de la compañía. Literalmente. No podían controlar su entrenamiento desde Busán, por eso viviría en un piso con nueve chicos más como él. El motivo por el que sus padres se oponían era el mismo que el de la mayoría de los padres surcoreanos. Porque sus hijos se convertían en la pertenencia de una empresa. Porque a cambio de comida, un lugar en el que vivir y una educación especializada se comprometían a hacer todo lo que la empresa les pidiese. Absolutamente todo. Incluso en contra de sus propios deseos. Porque no tenían opinión, ni voz ni voto, en las decisiones que la empresa tomase en sus propios cuerpos y futuros. Pero a Min-ki nada de eso le importaba. Era un mínimo precio a pagar para todo lo que conseguiría.

Racionalmente tenía sentido. Tal vez, incluso la empresa perdía dinero. Porque sólo conseguía beneficios de todo esto a largo plazo. Durante años, la empresa pagaría la comida, la ropa, la vivienda, la educación y el transporte de esos niños. De esos 20 trainees novatos seleccionados probablemente sólo unos pocos conseguirían debutar. El resto regresaría a casa sin nada bajo sus brazos. Eso era lo que temían sus padres. Porque no era un trabajo normal ni podían garantizarle una estabilidad. Porque sólo tenía 15 años y seguía siendo un niño. Porque ni siquiera había terminado sus estudios básicos.

Fuente: Cloudfront

Pero Min-ki lo iba a dejar todo por alcanzar sus sueños. Abandonó su ciudad natal, a sus contados amigos y a su familia, y se fue solo a Seúl. No se fue en buenos términos con sus padres y desde entonces casi perdieron el contacto. Pero eso no le importaba, porque ellos habían firmado. Esa firma era el primer paso para un futuro lleno de gloria. No fue como lo esperaba. El pequeño piso que compartía con otros nueve chicos era pequeño y apenas tenía ventilación. El salón, si podía llamarse así, no tenía televisión, internet o un sofá. Tampoco tenían ordenadores. Porque así no podrían desconcentrarse con nada absurdo. Min-ki dormía en el suelo con otros cuatro chicos en una pequeña habitación porque no había suficiente espacio para tener una litera. En las noches de invierno, se acurrucaban juntos bajo las colchas convirtiéndose en amigos a la fuerza.

Min-ki mentiría si dijese que no pasó por malos momentos. Pero no podía llamar a sus padres para contarles eso. No quería darles la razón, no quería que se preocuparan. Prefería tragarse su orgullo y colgar el teléfono en las noches frías en las que comenzaba a llorar. Pero nadie dijo que el camino a los sueños fuese fácil y no todo era malo. Su aventura acababa de empezar.

Próximamente: Parte 2

 

Para ampliar información…

Training: Sistema de entrenamiento que todas las compañías surcoreanas de entretenimiento siguen para crear a una estrella. Este sistema es exclusivo en Corea y la clave del éxito del K-Pop. La empresa educa a los futuros aspirantes a ídol (trainees) en idiomas, canto, baile, música, actuación, comportamiento… el contrato ofrece además vivienda, transporte y comida al adolescente, además de dietista y asesor de imagen. Una vez firmado el contrato de trainee el adolescente es considerado un producto más de la empresa. Además de entrenar y cumplir con la agenda que les imponga la compañía deben de mantener sus notas de instituto altas.

Fuente: Ministerio de Cultura, Deporte y turismo de Corea del Sur en "K-Pop: a new force in pop music".

Fuente: Ministerio de Cultura, Deporte y Turismo de Corea del Sur en “K-Pop: a new force in pop music”.

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