Love Winter V

Imagen: Virginia Ramírez

Imagen: Virginia Ramírez

Mientras Lisa y Miyako le echaban miraditas con el cejo levantado, Aya se puso un gorro de lana con orejeras de color blanco y se lo colocó hasta la altura de los ojos. No quería ver nada. Tenía que ser profesional y no pensar en cosas absurdas, pero lo cierto era que no podía evitar pensarlas, al ver a Naito conduciendo a su lado en silencio y sujetando el volante con aquella mano fibrosa y alargada. Así que se volvió a colocar el gorro para quedarse a oscuras. Él le echó un vistazo.

-Parece una niña pequeña con ese gorro.- Aya tragó saliva. Se lo decían mucho, pero de sus labios, le pareció el piropo más dulce que le habían dicho nunca. Naito le sujetó el borlón de lana y se lo echó para arriba. Cuando Aya sintió su mano tan cerca de la cabeza se puso blanca como la cera.- Tranquila, no es como si no pudieses saber dónde vivo. Todo el mundo ha visto el interior de mi casa en twitter, así que… eres la directora, debes de saber llegar por si hay una emergencia, ¿no?

-Vale.

El piso de Naito era tan extraordinario como lo recordaba en las fotos. Completamente de mármol beige, de suelos a paredes. Un pasillo kilométrico recorría la casa iluminado con pequeñas luces blancas incrustadas en la parte baja de las paredes. Tenía cuadros colgados de dibujos de calaveras negras con tachuelas y dibujos de arte contemporáneo. El salón era enorme y de color beige, con un gran televisor de plasma y vidrieras que cubrían la pared entera y que daban a una gran terraza desde la que se veían todos los rascacielos de Tokio. Sobre la mesa de comedor, una gran lámpara de cristales negros y grises y un gran espejo circular en el techo, desde el que los comensales podían verse cenar. Su cuarto de música estaba cubierto de grandes ventanales tapados con cortinas negras. Un piano eléctrico, partituras, dos guitarras, una mesa de mezclas y un Apple rodeaban la estancia. En la esquina, un sillón de colores y una estantería repleta de cds y dvds.

Naito se puso las zapatillas y le extendió un par a Aya. Ella estaba tan nerviosa de estar allí que apenas podía hablar. Jamás, en ninguno de sus sueños, podría haberse imaginado pisar aquella casa. Y en ese momento estaban ellos dos solos.

-¿Quiere algo para beber?

-Un vaso de agua.- respondió ella.

-¿No prefiere cerveza?

-Estoy trabajando, no bebo mientras trabajo.

-Pero sin embargo cada vez que pasa algo le ofrece cerveza a los actores.

-Oh, bueno. No hay nada mejor que una bebida con alcohol cuando alguien está agobiado.

-¿Y qué toma Aya-san cuando está agobiada?

-Si no estoy en el trabajo cerveza. Si lo estoy, bebida de coco. Me encanta.

-Siento no tener bebida de coco.

-El agua está bien.- dijo ella bebiéndosela de un sorbo.- Bueno, cojamos las fotos y regresemos. Agradécele de mi parte a Heiji-kun que nos dejase su casa.

-Seguro que le gusta si le agradece la directora en persona. Después le doy su número.

-Vale.

 

-¿Estas fotos están bien?-preguntó él portando varios marcos. Ella tragó saliva. Era sencillamente imposible que saliese mal en ninguna foto. Su naturalidad era tan brillante que cegaba. No era de extrañar que le hubiesen nombrado el hombre más sexy de Asia. Aya se quedó mirándolas en silencio, recorriendo su perfecto cuerpo repetidas veces, extasiándose con sus ojos.

-Están bien.- dijo saliendo de su mundo de imaginación.- También podemos poner algunas con Heiji-kun. Es normal que tenga fotos con amistades, ¿no?

-¿Debería de coger alguna de pequeño?

-Guay.- Naito regresó con varias fotos.- Vale, vámonos.

-¿No las mira?

-No, seguro que están bien. Vamos. – no quería verlas. Si las viese, probablemente se le caería la baba, y no era ni el momento, ni el lugar adecuados para eso. Aunque mataría por poder robar alguna de esas fotos y llevárselas a casa tras la grabación.

 

-¿Heiji-kun? Soy Aya.

-¡Aya-chan!-exclamó una dulce voz al otro lado de la línea.- Hola.

-Hola.- rió ella.- Quería darte las gracias por prestarnos tu casa para la grabación, eres muy amable.

-No es nada. Pero prefiero que me digas que soy genial.

-Vale, pues eres genial. Tu casa es muy bonita.

-Gracias. Puedes venir cuando quieras, es tu casa para lo que necesites.

-Vale. Bueno, pues nos vemos. Adiós.

-¡Era Aya-chan!-exclamó Heiji mientras se tiraba al sofá de Naito. Jin y Juichi pasaban de él por completo y jugaban al ajedrez.

-Es lógico. Le di tu número y le dije que te llamara.

-Que buen amigo es Naito. Por cierto, ¿has averiguado algo de ella?

-Bueno, no sé si es averiguar, pero… no desayuna. Sólo toma zumo de naranja frío. – Heiji escuchó con atención.- Le gusta tomar helado en invierno y cuando está agobiada, bebe jugo de coco o cerveza.

-Wa, mi Natasha sí que es diferente. Tan genial. ¿Algo más?

-Le gusta ponerse gorros de lana de niña pequeña- dijo sonriendo- con borlones y esas cosas.

-Me encanta. Es tan sincera y natural y tan pequeña…

-Desde luego con alguien que parece que tiene tres años le queda genial.- rió Jin.- Aya-chan es estupenda. No es nada estirada y es muy divertida y natural.

-¿Verdad?-preguntó Heiji.

-Como sea, no entiendo qué hacéis otra vez en mi casa.

-Es que tu casa es más acogedora que la mía.- dijo Heiji poniendo un puchero.- He decidido que hasta que se acabe la serie, viviré contigo. Ya que mi casa se ha vuelto un escenario…

-Yo también- dijo Jin.

-¿Tu casa también es un escenario?-preguntó Naito llevándose la mano a la cabeza.

-No, pero me voy a quedar unos días. Tú tienes habitaciones como para montar una pensión, así que…

-Mola. Ya sabéis que me encanta esto. Echaba de menos algo de compañía familiar.

-¿Te pones melancólico ahora? JiJi se va a poner celosa.- rió Jin.

-¿Tú no te quedas Juichi?

-No. Mi madre me mataría si la dejase tirada para venirme a vivir con amigos. – todos asintieron.

 

 

-Aya-chan, ve a por algo caliente para tomar. No vamos a robar de la nevera de Heiji, ¿verdad?-dijo Iroshi.- Ten, compra chocolate caliente para todos.- los chicos vitorearon al director- Venga, un descanso mientras vuelve Aya-chan.

-Te acompaño.

-No es necesario, Naito-san.

-Insisto. No vas a poder sola con tantas bebidas. ¿Qué piensa hacer para fin de año? ¿Irá a su país?

-No. Mis padres vienen para conocer el año nuevo aquí. Tienen muchas ganas. ¿Y Naito-san?

-Yo iré a mi casa.

-Eso es bueno. Seguro que sus padres y su hermana le echan mucho de menos.

-Sí… tengo ganas de ver ya a la enana.

Y de repente, comenzó a nevar. Los dos se quedaron mirando al cielo, incrédulos.

-No me lo creo.- dijo Naito- ahora se pone a nevar. Pero eso es bueno, cuando deje de hacerlo, pasará un poco el frío. ¿Dónde va?- preguntó asombrado al ver que Aya se ponía bajo la nieve mientras los demás se cubrían de ella.

-¿A quién le importa cuándo vaya a parar? ¡Es genial!

-Vas a empaparte. ¿Qué es tan genial?- dijo mientras se llevaba las manos a los bolsillos y reía.

-No lo sé. Es que nunca antes había visto la nieve, así que para mí es genial que la haya podido ver. Aunque llevo aquí varios años, no había nevado hasta ahora.

-Vale, entiendo que esté emocionada. Pero va a empaparse. Vayamos a comprar los chocolates calientes.

-Vale.

Ni siquiera sabía qué pensar. Era tan extraña que siempre le acababa sorprendiendo. Era una profesional seria y responsable, que escribía sobre la guerra en Siria o el desajuste económico y la corrupción política. Pero luego escribía historias de romance para entretenerse y se comportaba como una niña pequeña. No estaba acostumbrado a ver ese tipo de inocencia, aunque ella tenía motivos suficientes para haberla perdido por completo. Ahí estaba Aya, mirando embobada los copos de nieve mientras él pedía las bebidas calientes.

Aya sólo podía pensar en Naito. Con él, todo era mucho más hermoso. Él no podía saberlo, pero había hecho de ese momento un recuerdo mágico. Había visto la nieve por primera vez con Naito. Había visto cómo los copos de nieve se posaban en sus cálidos hombros y en su pelo negro, mojándolo al derretirse. Bajo la nieve él era mucho más hermoso. Su piel blanca se fundía con el cielo y sus ojos negros se hacían más intensos. Era imposible no sentir unas ganas irrefrenables de cuidarle, como a un cachorro que se había perdido bajo la nieve. Quería quitarle con la mano los copos del pelo, calentarle las frías mejillas con el calor de sus guantes, fundirse con él en un cálido abrazo. Pero él no era un cachorro perdido y no necesitaba ser protegido.

-Toma, un regalo.- Naito le extendió una bebida de coco.

-¿Por qué?

-Bueno, es la primera vez que ves la nieve. Así que te hago un regalo. Además, así te compenso por ofrecerte agua solamente el otro día.

Ella le dio un gran sorbo y le hizo una señal en modo de aprobación. Él sonrió.

-Me has tuteado.

-Lo siento.- se disculpó Naito volviendo a su seriedad habitual.- No era mi intención. Regresemos.

 

Mi felicidad duró muy poco, porque a la mañana siguiente, cuando fui al gabinete a trabajar, me esperaba una bonita sorpresa. Uno de mis compañeros vino a mi mesa con una revista de cotilleos y me la puso delante de las narices.

-¿Qué piensas hacer con esto?

-¿Con la revista? Odio este tipo de mierdas, así que tirarla a la basura- reí yo.

-Cielos, no tienes ni idea. Mira la portada un momento anda.

Yo obedecí. Y me quedé de piedra. Había tres fotos mías junto a Naito. Una saliendo de su piso, otra en el coche con él y otra esperando bajo la lluvia con las bebidas de todos. Ni siquiera había pensado que algo tan absurdo como aquello pasase, pero estaba pasando. Se había extendido el rumor que Naito tenía un lío con una compañera de trabajo, o sea yo. Que más hubiese querido yo. Pero sólo podía preocuparme en él y en el éxito de la serie. Si se sabía que yo le había recomendado, perjudicaría al estreno de la serie. No es que significase nada, pero era periodista, y por eso sabía que para ellos eso era suficiente. También me preocupé por él. Estaba debatiéndose constantemente si declararse a Riko no sería miserable, algo como eso no le ayudaba. Aunque por supuesto, no era la primera vez que pasaba.

Aunque no me creía que con 26 años no hubiese estado con nadie, y más sabiendo de sobra que estábamos hablando del mismísimo rey de Asia, nunca hizo ninguna de sus relaciones oficiales. Sin embargo, tuvo muchas portadas de revistas, donde le intentaron liar con muchas actrices y cantantes famosas con las que estuvo trabajando. Siempre creí que hubo algo, salvo aquella chica que dijo que era una barbaridad porque ella estaba comprometida. Pero lo que ya sabía, se confirmó. Naito era una persona gentil y amable, que hacía buenos amigos rápidamente. Es normal que los haga si tiene que trabajar con ellos 12 horas diarias. Pero como siempre, los escarbadores del corazón olvidan que ellos también son normales. Y que la palabra amistad existe en el vocabulario. Pero ellos sólo ven mierda.

Ni siquiera presté atención en lo que hacía aquella mañana. Sólo esperaba que llegase el momento de ir al estudio, y encararme con toda la multitud que probablemente me estaba esperando afuera. Iba en el coche cuando mi móvil sonó y puse el manos libres:

-Aya-san, soy Naito.- yo di un volantazo de la impresión.- ¿Vienes de camino?

-Sí. Oye he visto eso esta mañana y realmente lo siento.

-No se preocupe por eso ahora. Voy a explicarlo todo, así que ven al estudio un poco más tarde. En serio-chasqueó él la lengua- no hay necesidad de todo esto. Como son.

-Creo que olvidas a veces que yo sé lidiar con ellos mejor que Naito-san. Voy a ir para allá.

-Pero puede salir perjudicada. ¿No ve que la estoy protegiendo?

-Lo veo, pero no es necesario. Gracias de todos modos por la consideración.

 

Cuando aparqué el coche en el estacionamiento del estudio, una treintena de periodistas aparecieron con flashes de todas partes. Yo respiré hondo, y salí del coche sonriendo.

-Hola, buenas tardes.

-¿Está saliendo con Naito?

-¡Le hemos visto a menudo con él y tienen fotos muy comprometidas!

-¿Desde cuándo están juntos?

-¿Cuándo se conocieron?

-Por partes- reí yo.- Vaya, no estoy acostumbrada a esto. ¿Saben? Yo siempre estoy de ese lado, hago las fotos no me las hacen a mí.- todos rieron cómplices, así que vi que era el momento perfecto para soltar mi discurso.- Cuándo le conocí, pues cuando comenzó a grabar la serie, obviamente. Si nos hemos visto a menudo, pues claro. Él es el actor principal de la serie y yo la directora creativa, todos somos una gran familia y pasamos muchas horas juntos. Y no, no estamos saliendo. Qué tontería es esa.- volví a reír yo.-Escuchen, sé mejor que nadie que un rumor sólo se intensifica si es negado, así que daré pruebas para que vean que no es cierto. ¡Maho-chan, ven un segundo!

-Hola.- saludó ella que no entendía nada.

-Ella es la encargada del vestuario de la serie. Cuéntale a estos señores por qué fui el otro día con Naito-san a su casa.

-Oh, bueno, fue un día muy duro de grabación y no teníamos fotos para decorar la casa de él, así que como vivía cerca, el director los mandó a su piso a recoger algunas fotos para la decoración.

Todos parecieron algo decepcionados, al comprobar que en efecto, ambos llevaban en la imagen marcos de fotos en las manos.

-¿Y qué sucede con aquella escena tan romántica bajo la nieve?

-Aquella escena tan romántica como ustedes la llaman fue un encargo del director. Teníamos un descanso y fuimos a comprar chocolate caliente para todos. Pero comenzó a nevar, así que tuvimos que esperar a que parase debajo de la tienda de bebidas. Ah, y a lo del coche… no me enorgullezco de decir esto, pero soy una persona muy despistada.

-Doy fe de ello. Todos se burlan de Aya-san.- dijo Naito, y todos comenzaron a grabar. Yo estaba algo impresionada con tanta preocupación por su parte.- Olvidó el coche el otro día, así que le ofrecí llevarla hasta su casa, pero es muy cabezota, así que me dijo que la dejara al principio de la ciudad cerca de una línea de autobuses.

 

-Justo.- corroboré.- Entiendo que haya podido parecer lo que no es. Yo mejor que nadie sabe que vemos vendavales en un grano de arena. Pero es nuestra personalidad, ¡cierto?- ellos asintieron- No obstante, a veces olvidáis que incluso los famosos trabajan muy duro y tienen amigos como el resto. No sólo romances ocultos. Ahora por favor, me gustaría que se marcharan, porque están dificultando las últimas grabaciones de la serie y no querrán ser responsables de que no se estrene, ¿cierto?

-Lo sentimos mucho.

-Dios, no vea la que se forma porque uno vaya a comprar chocolate ya.- dijo moviendo la cabeza Maho.- Menos mal que Aya sabe tratarlos, que si no… muy buena rueda de prensa, te felicito.

-Gracias, gracias.- reí yo. Pero Naito me miraba serio y receloso.

-No tardes mucho, Iroshi-san os está buscando.- Maho se fue tarareando algo mientras escuchaba música en el móvil.

-Supongo que me preocupo por nada. A veces olvido que estudiaste periodismo. Estoy acostumbrado a tener que aclarar las cosas por mi cuenta y a que sean unos pesados, pero Aya-san los calmó en seguida. Tiene ese don de amansar a las fieras.

-No lo creo. Tengo el don de la palabra más bien.

-Pero no era necesario todo eso. Yo ya lo había explicado todo. Te has expuesto innecesariamente.

-En absoluto. Si no me hubiese expuesto hubiesen pensado que tratabas de protegerme por algo. Si ambos decimos lo mismo por separado y con testigos como Maho, la verdad se corrobora. Siento mucho todo lo que ha pasado. Esto le afecta más a Naito-san, con la situación tan complicada que tiene ahora en el amor.

-No se preocupe por eso. Por cierto, Heiji me dijo que le comentara si le apetecía quedar para tomar algo esta noche.

-Oh, es muy amable por su parte. Pero hoy estoy cansada, no creo que pueda.

-Eso mismo le dije yo. A veces es un poco pesado, discúlpale.

-Para nada. Luego le llamo y le digo si podemos posponerlo para mañana. Vamos, tenemos que seguir grabando.

 

-¡Naito!-exclamó Heiji mientras iba corriendo hacia él en pijama- Gracias por lo de hoy. Natasha me he llamado para que nos veamos mañana. Le he dicho que la iba a invitar a tomar helado y se ha puesto muy contenta. Eres un genio, te adoro.

-Ya, ya.

-Tienes que haberlo pasado mal hoy.-le dijo Jin- vi en las noticias lo que pasó. Aya-chan es buena explicando. Pero sé que a ti te afectan mucho estas cosas.

-La verdad es que sí.

-Yo quise ir y decirles a todos que tú me estabas ayudando con Natasha y que es normal que paséis tiempo juntos, pero el idiota de Jin me detuvo.

-Gracias.- le dijo Naito a su amigo por señas. Jin se rió y siguió leyendo un libro.- Me voy a bañar. ¿Hay algo para cenar?

-Hemos pedido comida coreana hoy. No tardes, que me muero de hambre.

-Guay. El kimchi es mío.- dijo Naito feliz de poder tener una buena comida.

 

-Siento llegar tarde, pero me dejé el bolso en casa y tuve que ir a recogerlo.- me disculpé avergonzada. Como siempre, tenía un problema grave. Ahora Heiji pensaría que era una especie de cita. Porque en Japón, si la chica llega cinco minutos más tarde de la hora, es que quiere hacer esperar al chico.

-No te preocupes. Yo también acabo de llegar, tuve que deshacerme de unas fans por el camino.

Heiji me hizo un gesto con el pulgar y me mostró su sonrisa refrescante. Para mí él era como un primito chico, sólo que tenía cerca de 30. Y eso era lo que me hacía tanta gracia de él. Su voz, sus gestos, me recordaban a los de un niño. Por eso me resultaba tan lindo.

-¿Te gusta ir a alguna heladería en especial?

-No realmente. Cualquiera está bien.

-Qué pena, hoy no nieva. Hubiera sido divertido, ¿no crees? Tomar helado bajo la nieve.

-Es verdad. Pero parece que no quiere nevar hoy.- yo sólo pensaba en Naito y lo hermoso que se veía bajo los copos. En realidad me alegré de que no nevase, porque quería recordar ese momento mágico. Aunque sólo hubiese sido un momento.

-¿De qué sabor te gusta?

-Cereza. ¿Y a ti?

-Cualquiera está bien. No soy exigente.

-¿Sabes que pareces un niño? Te comes lo que sea.- reí yo, mientras veía cómo miraba con los ojos como platos toda la variedad de helados.

-Me dicen eso mucho. No sé si es un cumplido o qué. Pero es una mierda, porque yo soy el grande, ¿sabes?

-No sé los demás, pero yo lo digo como cumplido. Creo que es genial que alguien siga teniendo la inocencia que tenía de niño, porque es difícil retenerla al hacernos mayores. A mí me parece adorable.

-Gracias. Tú también eres algo adorable.

Estuvimos hablando de muchas cosas. De su próxima gira, de sus ensayos, de nuestra época de instituto, de lo que había pasado el día anterior… me gustaba hablar mucho con él. Heiji era lo que siempre pensé que sería. Un amigo genial que te reconfortaba y te hacía reír. Al típico al que le jalabas de los mofletes para hacerlo enfadar. Me sentía muy a gusto en su compañía, porque era como si nos conociéramos de toda la vida.

-Hey, ¿te cuento algo guay?

-Claro, dime.

-Es un secreto, así que no lo cuentes por tu gabinete. Pero Jin y yo estamos quedándonos a vivir en casa de Naito.- yo me atraganté con el helado. Cada vez que escuchaba su nombre me ponía nerviosa.

-¿Quieres venir a ver mi nueva casa?

-No creo que sea adecuado. Es miércoles, Jin-chan y Naito-san deben de estar descansando.

-Bobadas. Seguro que se alegran de verte. Vamos, que quiero enseñarte una cosa.

-Bueno.

No estaba muy convencida yo de aquello, pero era imposible decirle que no a Heiji. Mientras llegábamos, mis nervios aumentaban. Rezando todo lo que me sabía para que esos dos no estuviesen en pijama. Porque yo colapsaría si veía a Naito en pijama de cerca.

-Naito, Jin, ¡he vuelto!

Heiji me cogió de la mano al ver que no me decidía a entrar y me llevó hasta el salón.

-Mira, traigo compañía.

Yo tragué saliva. Los dos estaban estirados a ambos lados del sofá. Jin llevaba una rebeca de lana beige y unos pantalones largos de pijama a juego. Me miró despreocupadamente con su cara de ángel desde arriba de la revista que estaba leyendo y me saludó con la mano sonriendo. Naito llevaba un pantalón gris y una camiseta lisa de manga larga de color negro. Pero lo que terminó por destrozarme los nervios fue que llevaba puestas unas gafas negras de pasta para leer. No importaba lo que se pusiese, todo parecía hecho a medida para él. Como si el artesano de los dioses hubiese fundido esas gafas para que encajaran perfectamente con su hermoso rostro. Él levantó la vista y al verme, abrió los ojos como platos, sorprendido, y retrocedió en el sofá.

-Ni que hubieses visto a un fantasma.- dijo Heiji.

-Es que no me lo esperaba.

Aquella expresión en sus ojos fue mucho más linda de lo que yo esperaba que fuese. Naito era una persona muy fácil de impresionar, así que siempre, por las cosas más insignificantes, abría los ojos como platos, como si fuese algo realmente importante. Ver esa expresión en aquellas circunstancias hogareñas, hizo que me costase trabajo respirar. Aquello era realmente incómodo.

-¿Ha estado rico el helado?-preguntó Jin levantándose con naturalidad y dándome unas palmaditas en el pelo.

-Muy bueno. ¿Qué leías?

-Oh, una revista de música. ¿Hacía mucho frío fuera?

-Un poco. – Naito estaba avergonzado. Lo notaba. Ni siquiera levantó la mirada del libro que estaba leyendo.

-Ven, te quiero enseñar una cosa.

Heiji me agarró de la muñeca de nuevo y me llevó a su habitación.

-Mira, este es mi espacio. ¿Qué te parece?

-Es bonito. Me gusta mucho el color que tiene. Es agradable.

-¿Verdad?

Las paredes tenían un color verde limón intenso. Había un escritorio, un sillón amarillo y una cama doble enorme con una colcha blanca. Heiji había colgado posters de ellos mismos y había puesto algunas fotos enmarcadas con sus familiares. Si yo hubiese tenido una habitación así, probablemente hubiese acudido a ella cuando hubiese estado algo triste. Esos colores podían transmitir felicidad a cualquiera.

-¿Qué ibas a enseñarme?

-Oh, no le digas a Juichi y Naito, que siempre se enfadan conmigo. Te voy a enseñar el álbum oculto de nuestro grupo.

-¿En serio? ¡Guay!

 

-Deja de mirar al pasillo.- le dijo Jin dándole con la revista en la cabeza a Naito.

-En serio, ¿en qué está pensando para traerla ya aquí y meterla en su habitación? Nunca deja de sorprenderme.

-Tú te sorprendes con todo.- rió Jin.- Ya le conoces, es muy ingenuo. Seguro que no está pensando en nada pervertido. Le estará enseñando cualquier estupidez. ¿Te da corte que la directora te vea en pijama? Si te ha visto medio mundo en nuestros vídeos caseros.

-Qué hablas. Es que me ha sorprendido, eso es todo.

-¿Cómo llevas lo de Riko?- Naito carraspeó y abrió de nuevo el libro.-No me evites, desgraciado. ¿Has pensado ya qué vas a hacer?

-No creo que el amor necesite pensarse. Si puedo seguir controlándome perfecto. Si mis sentimientos acaban aflorando, no tendré más remedio que ser sincero con ella.

-Voy a llevar a Aya a casa.- dijo Heiji entrando de nuevo en la estancia.- Ahora vuelvo.

-No es necesario. Aún es temprano. Cojo un bus.

-¿Qué dices? Ni hablar, te llevo a casa.

-Escúchala. Es una cabezota.- dijo Jin riendo.

-No te va a dejar que la lleves, es muy independiente y orgullosa.

-Hazle caso a tus amigos.- dijo Aya.- Me voy, gracias por el helado, ya nos vemos, ¿vale?

-Pero no me cuesta trabajo llevarte.

-Ya lo sé. Pero últimamente he causado muchos problemas. No quiero que mañana aparezcan titulares del tipo que ahora quiero ligarme al jefe del grupo. Ya nos vemos.

-Adiós, Aya-chan.- dijo Jin.

-Hasta mañana.- rió la aludida.- Que descanséis bien.

-Te acompaño hasta abajo.

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