Love Winter IV

Imagen: Virginia Ramírez

Imagen: Virginia Ramírez

-De hecho ahora mismo no puedo. Tengo que ir a coger unas cosas que veo que faltan para la siguiente escena. Pero si es por algo de Akira, no te preocupes, te metes muy bien en el papel. Si tienes alguna duda pregúntale a Iroshi, ¿vale?

 

Salí corriendo. Como una cobarde, salí corriendo. Cuando vi la mirada seria de Naito, su calidez inundando el espacio junto a mí, me morí de miedo. Temía que me dijese algo que no quería, o que era incapaz de escuchar. Así que huí de él. Supuse que lo intentaría otra vez, pero si seguía huyendo, se cansaría y lo daría por perdido. Era demasiado educado como para ir fatigando a la gente. Aquella era otra característica de ellos que odiaba en los doramas. Pese a que necesitaban decir algo, si la otra persona lo evadía, ellos se quedaban en silencio. Cualquier europeo le hubiese hecho una encerrona y le hubiese obligado a escuchar. Pero en ese momento bendije que Naito no lo fuese.

Riko se frotaba los brazos con las manos ansiosamente. Nunca soportó muy bien el frío, así que las escenas de exteriores le costaban horrores. Se intentaba mentalizar a sí misma como si estuviese cruzando encima de clavos ardiendo. Siempre usaba la misma técnica: pensar en cosas calientes. El verano, chocolate caliente, la arena hirviendo, una manta gruesa… pero aquel día no era capaz de concentrarse. Estaba demasiado ocupada pensando en sus líneas.

Naito la observaba desde lejos, debatiéndose entre sus propios fantasmas. A él le hubiese gustado poder protegerla día y noche, pero lo cierto es que hacía mucho que había otra persona que cuidaba de ella. ¿Se notarían sus sentimientos hacia ella si se acercaba? ¿Y qué sucedería si lo notaba? No sabía qué era peor, si estar enamorado de alguien y no poder decírselo o estarlo y decírselo, sabiendo que iban a rechazarle. Ya ni siquiera sabía si era capaz de permanecer en silencio.

Vi su mirada seria mirando a Riko. Fruncía el ceño y apretaba los puños. Entonces caminó hacia ella con paso ligero, se quitó el chaquetón que llevaba puesto y se lo puso por encima de los hombros a Riko. La forma como lo hizo consiguió que me costase trabajo respirar. Le sujetó los hombros, dulcemente, con sus frías manos, mientras la miraba seriamente. Pero aquella seriedad desprendía calidez. Estaba preocupado por ella. Riko le dio las gracias con naturalidad y se marchó dando saltitos de la alegría porque estaba calentita.

Y entonces lo vi claro. Aunque creo que desde el primer día que los vi juntos lo supe. Naito estaba enamorado secretamente de Riko. Ella no lo sabía, era demasiado ingenua para verlo. No lo sabía porque no estaba mirando constantemente a Naito, ella tenía a Kimura, por supuesto. Pero yo sí que veía a Naito. Le veía a él y a sus sentimientos no correspondidos. Y mi corazón se desquebrajó. Él no se merecía algo como aquello. Él debería de ser feliz, con la persona a la que amase. Pero para personas como ellos, era del todo difícil. Ver aquella situación desde tan cerca, sin poder hacer nada, me frustraba. Ella era amiga, y llevaba toda la vida saliendo con Kimura. Naito sufría en silencio por ella. Y yo no podía hacer nada. Sin saber por qué, me molesté, me llené de rabia y frustración.

El cielo estaba completamente negro cuando terminamos de grabar. Naito volvió a acercarse a mí, mientras recogía.

-Aya-san, hablemos ahora.

-Lo sé, lo sé, tienes que decirme algo. Pero dejémoslo para otro día, ¿vale? Aún tengo que recoger algunas cosas. Ve a descansar, hoy habéis trabajado duro. Hasta mañana.

 

 

Me despedí de todos mientras se marchaban y me fui con un par de cajas de cartón al cuarto de los trastos. No es que pudiese evitar la conversación para siempre. Había decidido ser yo misma quien le dijese, pero después de haber visto lo escena con Riko, se me habían quitado todas las ganas de mantener una conversación con él. Al menos huiría esa noche. A la mañana siguiente seguro que me había recuperado.

Caminé por los pasillos de madera en silencio, escuchando el sonido de mis pasos, y deposité las dos cajas en el suelo del cuarto de los trastos. Últimamente había estado allí a menudo. Pero ese espacio era de Lisa. Cuando tenía tiempo libre, se sentaba allí, sobre las cajas, como si creyese que Jin iba a volver a aparecer de un momento a otro. Pero la entendí un poco. Al cerrar los ojos, incluso creí oler parte de la fragancia del aludido. Entonces sentí agitarse el aire a mis espaldas, y me acojoné de miedo. Lentamente, cogí un trípode que había a mi lado y me giré con él.

Los dos gritamos a la vez.

-Suelta eso. ¿Pensaba matarme?

-Lo siento. ¿Pero qué hace aquí?

Cuando vi frente a mí a Naito mi corazón se desbocó. Llevaba un jersey blanco y un gorro de lana azul que hacía que su flequillo le cayese por encima de los ojos. Sin embargo, aquel brillo oscuro no cesaba. Su piel pálida y sus perfectos labios me miraron fijamente. Aunque él no tuviese ni idea de lo que estaba pasando, yo lo veía de otra forma. Estábamos solos en aquella inmensidad casi a oscuras. Y ni siquiera era capaz de pronunciar palabra. Mi cara debía de estar ardiendo, o al menos así lo sentía yo.

-¿Me está evitando?

-Más o menos.- él pareció asombrado ante mi sinceridad.- Hoy no estoy de humor, así que por eso dije que mejor hablarlo en otro momento.

-¿Qué ocurre?

-Nada importante.

-Siento ser egoísta, pero no quiero dejar pasar más días por medio, así que hablaré ahora.

-Vale.

-Lo del otro día me pilló por sorpresa, así que no fui capaz de decir nada. Por eso quiero pedirle disculpas. No suelo estar acostumbrado a que la gente me diga que me admira. Cuando me dijo que se había basado en parte de mí para hacer a Akira y que por eso era capaz de interpretarlo tan bien, no supe cómo reaccionar. Pero después lo estuve pensando y creo que debes de saber lo que pienso. Creo que mereces saberlo. – yo tragué saliva. Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, pero aquello era demasiado temprano. Casi ni me atrevía a mirarle.- Quería darte las gracias. Por ayudarme a que mi carrera avanzase y por ser tan sincera conmigo desde el principio. He tenido esta oportunidad gracias a que alguien como Aya-san pensó en mi trabajo de esa forma, por eso me siento cohibido. También me gustó que fuese sincera conmigo.

-No pensaba que fueras a decir algo así. Es un alivio.

-Se parece mucho a mí. Por eso la entiendo.- Naito sonrió torcidamente, sacando de nuevo aquel hoyuelo de la mejilla derecha que me hacía desfallecer.- Yo también fui sincero una vez y le dije a una persona que realmente la admiraba. Para mí fue un honor ser su amigo. Me he dado cuenta de que nos parecemos en otras muchas cosas- dijo mientras caminábamos hasta la entrada- en la seriedad con la que nos tomamos el trabajo, en cómo ayudamos a la gente, en lo independiente que somos… aunque por supuesto no la conozco demasiado bien.- dijo carraspeando.

-No sabes cómo nos parecemos.- Pensaba en su amor no correspondido por Riko. Sentí unas ganas irrefrenables de preguntarle, pero no me vi con fuerzas para hacerlo del todo.- Últimamente le he visto algo distante. Debe estar sufriendo mucho a causa de alguna persona.

-¿Lo sabes?- Naito se paró en seco, petrificado de miedo.

-¿Cómo podría saberlo? Lo intuyo- reí- Una vez, en un dorama, un actor dijo una frase que se me quedó grabada. ¿Quién crees que sufre más, el que ama en silencio o el que intenta luchar por ese amor, aunque sepa que fracasará?

-¿Qué cree Aya-san?

-El chico dijo: sufren los dos por igual. Pero yo no lo creo. El que lucha sale ganando siempre. Porque aunque sea rechazado, no se arrepentirá en el futuro de nada. El que se calla, convierte ese silencio en una carga.

-¿Entonces Aya-san lucharía?

-No tengo la fuerza suficiente para hacerlo si me ocurriese. Pero creo que alguien como Naito-san merece luchar hasta el final.

-No sé si pueda.

De repente, me quedé parada en medio del estacionamiento. Era tan despistada e idiota como siempre. Había permitido que las chicas se fueran sin mí y aquella mañana había ido a trabajar en el coche de Riko, así que estaba más sola que la una. Pero no pensaba pedirle que me acercase a algún lado a Herotic como lo llamaban ellas. Antes me congelaba de frío allí.

-¿No tiene coche?

-Me gusta caminar- dije sin mirarle a los ojos, de espaldas a él, mientras me maldecía a mí misma y mis despistes constantes. – Bueno, hasta mañana.- Y me fui caminando con paso ligero. Pero oí unos pasos que me seguían y Naito se puso frente a mí.

-Lo olvidó, ¿verdad?

-Sí. – entonces Naito, ante mi cara de derrotada y mientras me moría de la vergüenza, comenzó a reírse a carcajadas. Aquella risa contagiosa que transmitía paz. De nuevo vi sus ojos arrugarse hermosamente, y sus palmas chocando, mientras se intentaba sujetar el gorro de lana.- No me hace gracia. Lo sé, soy una despistada, pero lo olvidé por completo.

-La llevo. Dime dónde necesita ir.

-No es necesario. La parada de autobús está cerca.

-Pero es invierno. A esta hora ya no pasan autobuses por aquí. Venga, la llevo.

No tuve más remedio que sentarme en el asiento del copiloto de su coche. Muerta de la vergüenza, intenté no pensar en él como lo que era. Yo quería demostrarle a mi ídolo lo genial que era. Pero en vez de eso, la había cagado estrepitosamente. Ahora seguía estando a solas con él y todo su coche olía a aquel maldito perfume que se metía por las fosas nasales y me ponía tan nerviosa. Él encendió la radio. Cuando vi su mano blanca, alargada y musculosa rozar el botón, mi corazón se aceleró aún más, así que me limité a mirar la carretera con gran interés.

-¿Le gusta esta emisora?

-¿Qué? Esa está bien. Déjeme a la entrada de la ciudad.

-¿Dónde vives? Te llevaré.

-¡No!-exclamé. Tanto tiempo con él me iba a poner de los nervios.- De verdad, muchas gracias, pero prefiero que me deje en la entrada y coger un bus de línea.

-Bueno.- Naito comenzó a reírse de nuevo, suavemente. Su voz dulce y atractiva inundó mis tímpanos.- ¿Está avergonzada? Le puede pasar a cualquiera.

-Ya. Pero me ha pasado a mí.- yo respiré hondo- Naito-san no lo sabe, pero este tipo de cosas me suelen pasar a menudo. Así que si Lisa estuviera aquí se estaría metiendo conmigo en este momento. Pero no lo hago a propósito, por eso me revienta.- yo crucé los brazos, ofuscada, mientras él seguía riendo. – Sí, encima se ríe.

-Es que es divertido. Bueno, ya hemos llegado. ¿Qué autobús coge?

-La línea azul.- él asintió y me dejó frente a la parada.- Gracias por traerme.

-De nada. Bueno, hasta mañana.

-Furcia.- escuché a Lisa decir.

-¿Qué haces tú aquí?

-Yo vengo de comprar unas cosas, pero eso debería de preguntarte yo. ¿Qué hacías montada en el coche de Naito? Esta mañana casi faltas al trabajo porque no querías ni verle después de cómo la liaste el viernes. Cuenta ya. – las dos nos montamos en el autobús y comencé a contarle lo que había pasado- Increíble. Este niño me mata. Te ha dado las gracias, tan encantador. Y perfectamente has olvidado el coche. Te odio.

-Bueno, admito que aún estoy alterada. Pero no tiene ningún sentido.- yo suspiré- Naito está colado por alguien. A ver, obviamente es normal. Aunque a mí y a medio mundo más le fastidie, él tiene su vida. Pero…

-¿Cómo lo sabes?

-Tú no estabas en ese momento. Pero a Naito le gusta Riko.

-¿QUÉ? Pero ella…

-Ya. Por eso está sufriendo un montón. Pero al margen de lo que él siente por ella, ver desde tan cerca algo como eso me jodió un poco. No es como si yo fuese a conseguir algo, pero me dolió verle así.

-Puedo entenderte. Si yo viese a Jin con alguien me moriría, aunque supiese que no tengo oportunidad alguna. ¿Qué te dijo él?

-Que no se veía con fuerzas para luchar por ella. Debe de ser difícil. Estar colgado por alguien que sale con su grupo de amistades y verle constantemente con el novio, que además es buena persona. Él no es del tipo que va robando novias tampoco.

-Pobre Naito. Ey, quédate en mi casa hoy. Veamos alguna peli ñoña o cualquier tontería.

-Bueno, sabes que a esas mierdas nunca digo que no. Pero, ¿no has vuelto a ver a Jin?

-Obviamente no. Con qué cara le digo que quedemos los dos, a ver. Qué cosas tienes.- dijo golpeándome la cabeza.

 

Lisa y Aya estaban charlando animadamente en un descanso en una casa que había alquilado la cadena para grabar, cuando Maho se acercó a ellas corriendo.

-Con que aquí estabais las dos. En el jardín trasero están Jin-kun, Juichi y Heiji. Han venido a hacernos una visita, ¿no es genial?- dijo la chica mientras se llevaba las manos a la cara.- Juichi no paraba de preguntar por vosotras, así que id para ya antes de que acabe el descanso.

-¡Vale!- exclamó Aya levantándose de golpe.- ¿Pero cómo es que han venido?

-Al parecer pasaban por aquí cerca y se han pasado a saludar. Se van en un rato, no tienen mucho tiempo creo.

-Qué guay, al fin conoceremos a Heiji, wa. – exclamó Lisa llevándose las manos a la cara de la emoción- ¿Habrá encontrado ya a su Natasha? Que chico tan genial, es tan inocente… lo que más me gusta es su voz, que parece que tiene tres años y tiene cerca de treinta.

-Tan adorable, ¿verdad?-volvió a decir Maho. – Pero Jin parecía serio, me pregunto qué le pasará.

Lisa no sabía qué podía pasarle, pero estaba realmente feliz de poder volver a verle. Hacía solo cinco días que se habían visto, pero les pareció eternos. Ver de nuevo sus hermosos ojos castaños y su sonrisa tierna de cerca la ponían extremadamente nerviosa.

-¡Lisa-chan, Aya-chan!-exclamó Juichi acercándose a ellas mientras las abrazaba. A cierta distancia, los demás reían con la pureza del chico, mientras Naito y Heiji movían la cabeza, resignados. – ¿Cómo estáis?

-Genial- rió Lisa.- ¿Y tú?

 

 

Entonces Heiji se quedó paralizado por completo. Ante sus ojos apareció una chica de larga melena rubia, de ojos color miel y piel blanca. Iba vestida completamente de negro, pero en su pelo llevaba un lazo grande, como una niña. Sus ojos eran serios y fríos. Pero no podía evitar reírse de forma clara y linda cuando el inocente Juichi la agarraba de las manos. Y lo supo. Que había encontrado a su Natasha. Y no había tenido que ir a buscarla fuera. Estaba allí mismo, delante de sus ojos.

-Eh, Naito, quién es ella.- le susurró al oído disimuladamente. Aunque con tanto alboroto, nadie lo hubiese notado.

-Oh, es Aya-san. Es la directora creativa.

-¿La chica sincera y servicial que te dijo que te admiraba? Ua, eres horrible Naito. Conoces a mi Natasha y me lo ocultas.

Naito le miró asombrado.

-¿Crees que tu Natasha es Aya-san? Imposible. La acabas de ver.

-Ha sido amor a primera vista. ¿Crees que no reconocería a Natasha? Qué insensible. Preséntamela, anda. – Naito se llevó la mano a la cabeza, suspirando.

-Aya-san.- la llamó. Ella le miró, aturdida al escuchar su nombre de nuevo de sus labios.- Ven, quiero presentarte a un amigo. Él es Heiji.

-Lo sé- rió ella divertida. Y Heiji le mostró una sonrisa afable mientras le daba la mano aceleradamente.- Encantada de conocerte. Heiji-san es genial, me he reído mucho contigo en los vídeos del grupo.

-¿En serio? El placer es mío. Pero por favor, no me llames san.- ella hizo un gesto en señal de aprobación con la mano y Heiji se puso blanco.- ¿Entonces soy genial?

-Mm. Eres muy inteligente y protector con todos y tu voz es adorable.

-Te invito a algo. ¿Dónde guardáis las bebidas?

-¿Qué le pasa a Heiji? Está como atontado.- le preguntó Juichi a Naito mientras el último movía la cabeza.

-Es que está atontado. Dice que ha encontrado a su Natasha.

-¿AYA-CHAN?

-Shh, baja la voz, te va a oír todo el mundo. Déjalo, vayamos a hablar con los demás.

 

Cuando los ojos de Lisa se volvieron a topar con los de Jin, un escalofrío recorrió su cuerpo. El chico la saludó con la mano mientras le ofrecía una sonrisa amistosa y se acercó a ella. El corazón de Lisa comenzó a latir con fuerza y su cara enrojeció en cuestión de segundos.

-Hola. ¿Te encuentras bien? Estás muy roja.- preguntó él mientras acercaba su dedo a la cara de la joven. Pero ella se apartó nerviosamente.

-Sí, es por el calor de los focos. Con el frío también me pongo así.

-Es verdad. No sé cuándo piensa llover. El aire está muy cargado. ¿Qué tal va todo?- Jin metió las manos en los bolsillos y Lisa comenzó a transpirar. No importaba lo que hiciese, todo le parecía hermosamente encantador.

-Muy bien. ¿Tú estás mejor? deberías de estar descansando.

-Estaba en casa. Pero esos dos me dijeron que iban a pasarse por aquí y me apunté. ¿Cómo va el rodaje?

-Muy bien. Creo que mañana terminaremos de grabar todo, así que en un par de días, cuando terminen de editar, saldrá el primer capítulo. Aunque seguiremos grabando claro, no es momento de relajarse.

-Tengo muchas ganas de ver cómo ha quedado. No me perderé el estreno. Vi algunos anuncios en la tele y la gente está deseando que empiece.

-Todos están nerviosos, temen decepcionar al público.

-Lisa-chan- un escalofrío recorrió el cuerpo de la chica al escucharle llamarla informalmente de nuevo- tenemos que quedar un día. Siempre estamos hablando de trabajo y eso no es bueno. Tú también debes descansar.

-Estaría bien.- uno de los superiores la llamó- Bueno, me tengo que marchar. Pero me ha gustado verte.

-Igualmente. Ya hablamos.

Mientras la Lisa de mentira apagaba una zapatilla ardiendo en el salón de la casa, la Lisa de verdad mantenía la cámara fija, mientras suspiraba incesantemente. Cada vez se le hacía más difícil despedirse de Jin. Al principio era feliz con hablar un minuto, pero últimamente, en el momento que él se marchaba, la felicidad de tenerle cerca se desvanecía. Necesitaba tenerle cerca las 24 horas del día. Pero ni siquiera tenía una excusa como Aya para hacerlo. Y se sentía vacía y malhumorada y el corazón le latía con fuerza, con el simple recuerdo de su rostro sereno cerca de ella.

-Bien, es todo por hoy, chicos. Gracias por vuestro trabajo. Os dejo ir a cenar, aunque a esta hora, supongo que iréis directos a la cama. Siento que acabemos tan tarde, pero el capítulo tiene que estar a tiempo.

-Sí.

Era cierto. Eran casi las 11 de la noche cuando habían acabado. Pero todos lo aceptaban muy bien. Sabían el esfuerzo que suponía tener terminado un capítulo a tiempo. No podían permitirse el lujo de quejarse. Eran afortunados porque habían contado con ellos para hacer el trabajo y hacían muy buenos amigos durante el rodaje. Aya estaba recogiendo su bolso cuando Naito se le acercó.

-Aya-san.- ella dio un salto de la sorpresa- Lo siento, no creí que te asustaras.

-Es igual, dime.

-Siento el comportamiento de Heiji. Pero cuando conoce a alguien que le inspira confianza le trata informalmente, no te molestes con él.

-No me molesta. De hecho, en Irlanda algo como eso es lo normal entre gente de edad parecida, debes de saberlo.

-Pero ha estado dándole la lata toda la tarde.

-Qué va. Hemos hablado de muchas cosas y nos hemos conocido un poco.

-¿Ah, sí? ¿Y de qué habéis hablado?

-Pues de todo un poco. De nuestra infancia, de las cosas que nos gustan, de los programas que había visto de vuestro grupo…

-¿Entonces os lleváis bien? Eso es bueno.

-Pues claro. Todos aquí son geniales.

-No digas esa palabra tan a menudo…- dijo en voz baja él, resignado.

-¿Qué?

-Nada. Que me alegro mucho. Hasta mañana.

-Heiji, qué se supone qué haces en mi casa- Naito se llevó un buen susto cuando, al abrir la puerta de su casa, se encontró a su amigo estirado en el sofá. A su lado, Juichi veía la televisión- ¿Tú también te has dejado arrastrar por don diccionario andante? En serio… maldigo el día que os di una copia de mi llave. – pero era mentira. Estaba encantado de que al llegar, hubiese alguien en casa que le esperase.

-Bromeas, como siempre.

-Pues claro.- dijo Naito tirándose en el sofá junto a ellos- Me encanta que estemos todos juntos.

-Nuestras casas son demasiado grandes para nosotros solos. Al menos tú tienes a JiJi- dijo Heiji- Pero eso va a cambiar pronto.

-¿Ah sí?

-¿Qué te ha dicho de mí mi Natasha?

-Sólo has venido por eso desgraciado…- dijo Naito tirándole un cojín a la cara- Dice que le has caído muy bien y que no ve raro que la trates tan informalmente, porque en Europa eso es normal. Ah, y que eres genial.

-Lo sabía. Natasha y yo estamos predestinados a estar juntos. Por eso le he caído bien desde el principio.

-Estás loco.- rió Juichi- tú no lo entiendes, pero Aya-chan es así con todo el mundo. Es amistosa y cariñosa y como es tan impresionable, todo el mundo le parece genial. Te recuerdo que le dijo a Naito que le admiraba.

-Pero a mí no me admira, yo le caigo bien porque soy genial y mi voz es adorable.

-Échale cuenta a Juichi. Ella es así con todo el mundo, chicos y chicas. Temo que seas demasiado lanzado y sea vergonzoso para ti.

-Sé que será complicado. Aya-chan está acostumbrada a estar rodeada por gente como nosotros. Pero me la ganaré poco a poco, ya veréis. Lo he decidido.

-Siempre y cuando no vayas por ahí llamándola Natasha…- Naito comenzó a reírse al escuchar lo absurda que era la frase que acababa de decir. Al escucharle, sus amigos también comenzaron a reír a carcajadas.

-Déjame el gorro del hanbock coreano Naito. Voy a jugar un rato.

-Como lo partas te mato.

-No puedes matarme. Soy Heiji, el genial e inteligente padre y protector del grupo.

-Es verdad. Pero te lo dejo y os vais, que tengo que dormir.

-No, vamos a quedarnos a dormir aquí, lo he decidido.

-Pues os quedáis en la terraza. Vosotros me dejasteis durmiendo en el balcón con los mosquitos en Taiwán, así que ahora me vengo de vosotros.

-No seas cruel Naito, es invierno. Vamos a congelarnos ahí afuera.

-Dormid en la habitación que queráis, pero a mí me dejáis dormir.

-Vale. Mañana te preparo el desayuno en agradecimiento.- dijo Juichi.

-Mejor no. No quiero que me quemes la cocina.

 

A la mañana siguiente, antes de marcharse a la grabación y mientras Juichi bajaba, Heiji llevó a Naito al cuarto de música.

-¿Qué te pasa? Estás muy serio.

-Lo que dije ayer de luchar para conseguir a Natasha era verdad. Tú mejor que nadie, que te quedaste pillado por Riko a primera vista lo sabes. Por eso te pido que me ayudes.

-¿Pero cómo voy a ayudarte yo hombre?

-Tú estás cerca de ella casi todos los días. Puedes decirme qué cosas le gustan por ejemplo, hablarle bien de mí y eso… y conseguirme alguna salida con ella más adelante, cuando la trate con frecuencia.

-¿Y por qué no se lo pides tú?

-Porque a un compañero de rodaje no le diría que no. No es como una cita, le dices para tomar algo y luego voy yo en tu lugar porque te ha surgido algo.

-No sé si eso es adecuado, Heiji. Ella puede darse cuenta y molestarse.

-O no. Bueno, es pronto para hablar de eso. De momento me conformo con que le hables bien de mí y me digas qué le gusta.

-Vale.- dijo suspirando él.- Eso me vendrá bien para olvidarme un poco de Riko.

-Naito, sabes que eso no tiene futuro. Tal vez lo tuviese si luchases por ella. Pero eres buena persona y jamás le quitarías a otro la novia. Tu conciencia no lo permitiría. ¿Por qué no la olvidas?

-Ya lo sé. No es como si me tuviese que dar por vencido porque lo hice hace mucho. Pero olvidarla es difícil. Más cuando la ves 12 horas al día.

-Si has sido capaz de controlarte, debes de ser capaz de olvidarla. No es sólo por ti, también es por ella. No le des un disgusto.

-Lo sé. Pero no tengo fuerzas para dejar de pensar en ella. Vamos, se nos hace tarde.

-No te olvides de ir al ensayo a las ocho.

 

Cuando Naito llegó al estudio, todos estaban desayunando en la cafetería. Aya y la falsa Lisa repartían los pedidos ante las miradas divertidas de los compañeros de rodaje. Al parecer, el dueño se había tenido que ir a hacer un recado y ellas dos se habían ofrecido a hacer de camareras temporales.

-¿Aya-san no desayuna?-preguntó él aún de pie tras la explicación.

-Oh, lo mío no necesita estar caliente, puede esperar. ¿Qué quieres?

-Puedo cogerlo solo- dijo de mal humor. Ella se encogió de hombros y terminó de repartir.

-Aquí está el té rojo de Riko-chan, el café de Miyako y el Cola Cao de Lisa.

Aya le dio un sorbo a su zumo de naranja y cerró los ojos en señal de satisfacción.

-¿Tomas zumo frío en pleno invierno?-preguntó asombrado Naito.

-Es que es lo único que me gusta.

-Desde pequeña Aya no puede desayunar nada sólido, porque le da fatiga- explicó Lisa.- Así que tiene un ritual. Al levantarse se bebe un vaso de agua y para desayunar un vaso frío de zumo de naranja, sin importar la estación del año.

-¿Y si no le queda zumo?-volvió a preguntar él.

-No desayuno- respondió ella cruzándose de brazos.

-Aya-san es extraña. Yo no soy persona si no me tomo un té con tostadas o fruta.

-Ella es rara para todo.- rió Miyako- ¿sabías que le gusta comer helado en invierno?- Naito frunció el ceño y Aya se echó a reír, mientras Maho movía el dedo junto a la sien, llamándola loca.

-¡Los raros sois vosotros! En verano los helados se derriten muy rápido. Tanto, que no te da tiempo a saborearlos. Pero en invierno aprecias su sabor auténtico y no se te derrite, así que puedes disfrutar más comiéndotelo.

-Si lo miras así…- pensó Riko mientras sonreía.

-Vamos, vamos, dejad la cháchara. Tenemos que seguir grabando. Cielos, no sé qué vamos a hacer.

-¿Qué ocurre Iroshi-san?-preguntó Lisa.

-Nos quedan escenas de la casa de Akira, pero no hemos conseguido ninguna casa que se asemeje a la descripción del personaje. Y hoy es el último día que tenemos para grabar. No se me ocurre nada…

-Disculpe, pero yo tengo una idea.- dijo Naito.

Así que allí estaban, en la casa de Heiji, montando todos los focos y ajustando los retoques de decoración. Naito sabía que su amigo no podría negarse si eso implicaba ayudar a Aya. Él no hubiese tenido inconveniente en ofrecer su piso, pero lo cierto era que Akira vivía en una casa, no en un rascacielos.

-Todo perfecto. ¿Heiji-kun está de acuerdo entonces?

-No se preocupe, Iroshi-san, él está encantado de poder ayudar.

-Bien. Aya-chan, ¿todo listo para grabar, falta algo?- todos se quedaron en silencio, mirándolo todo para ver si algo estaba mal colocado.

-Bueno, esto es una opinión, pero… ¿no debería de haber en la casa de Akira fotos de Akira?- al darse cuenta, los decoradores quitaron las fotos de Heiji y fueron a dejarlas con cuidado en la habitación.

-¿Y qué hacemos? Podemos imprimir un momento algunas fotos sacadas de internet de Naito-kun y colocarlas en marcos.- dijo Maho.

-Yo creo que sería un poco patético. En fin, todo el mundo conoce más o menos las fotos del grupo. ¿No deberían de ser fotos únicas? Sé que es una tontería, pero todos los detalles son importantes. Es solo mi opinión, así que… Naito-san, qué piensa.

-¿Por qué no le pregunta al director?

-A mí no me metáis en las cosas de Aya-chan. Ella siempre pide la opinión de los actores, así que yo no me meto.

-Bueno…-carraspeó Naito- creo que Aya-san tiene razón. Los detalles son importantes, la gente se fija en eso. En todo, de hecho.

-Pero no hay tiempo como para una sesión de fotos improvisada ahora.- replicó una cámara.

-Eso es cierto. Bueno, nos conformaremos con imprimir esas fotos entonces.

-Aya-san, eso no es necesario.- dijo Naito.- Vivo muy cerca, así que puedo ir y estar de vuelta en media hora con algunos fotos. Ahorraríamos incluso tiempo, ¿no?

-Que no se hable más.- dijo Iroshi- Naito-kun, ve a por esas fotos y Aya-chan, acompáñale. Tú eres la creativa, así que tienes que elegir. Eres perfeccionista, no quiero que haya problemas luego.

-Pero…yo confío en lo que él escoja.- Aya no daba crédito a lo que estaba pasando. La última vez no había permitido que Naito la acompañase a casa para no colapsar, ¿cómo iba a entrar ahora en su casa sin sufrir un ataque cardíaco?

-Vamos.- le dijo Naito haciéndole un gesto con la cara mientras se ponía otro de sus gorros de lana sexys.

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