Love Winter III 冬の愛

Imagen: Virginia Ramírez

Imagen: Virginia Ramírez

-Naito-kun, estabas aquí. Vamos, vamos, tenemos que seguir.- el director le puso la mano en el hombro. Él dejó de mirarme, apagó el cigarrillo en el suelo y tirándolo en la papelera de al lado, se fue dentro.

Mi móvil sonó de nuevo, repetidas veces. Yo estaba demasiado débil para entrar en ese momento, así que me senté en el banco y acepté la llamada.

-¡¿Se puede saber dónde andas?! No me has cogido el móvil en toda la mañana. Me estoy muriendo lentamente. Él está aquí, ¿lo sabes?- dijo susurrando- esto es frustrante. Llevo toda la mañana grabando planos medios y primeros planos de él y no sé qué hacer ya. Necesito gritar, saltar o yo que sé y comentar con alguien lo extremadamente bueno que está. – Lisa se calló- ¿Qué pasa, te acojona venir y verle de cerca o qué? Iroshi no para de preguntar por ti, necesita que estés para no sé qué historia. Como no aparezcas pronto…

-Estoy aquí.

-¿Dónde?

-En el banco de afuera.

-Pero entonces…

-Mm. Le he visto.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

-Estoy en shock ahora mismo, me cuesta respirar. Necesito tranquilizarme. Venía caminando tan tranquila y me lo veo fumando en la puerta.

-¿FUMANDO? Dios.

-Y me ha mirado. Y entonces me he muerto. Literalmente. No estoy preparada para que el director me lo presente.

-No seas idiota. Tienes la suerte de que en esos momentos te pones blanca y seria como un palo, así que no se te nota. Yo me pongo tan roja que da asco. Así que levanta el culo de ese banco y ven para acá ya o te juro que te arrastraré yo misma.

-Voy.

-¡Aya-chan! Al fin llegas.- Iroshi vino a mí de muy buen humor mientras mi cara era incapaz de articular un gesto.- Tenías razón, él es extraordinario. Ha hecho casi todas las tomas a la primera y el papel lo borda. Tengo que darte las gracias. ¿Qué te pasa? Estás blanca.

-No es nada, es un poco de cansancio.

Ni siquiera quería mirar a los actores. Mientras Iroshi parloteaba alegremente yo miraba a un punto fijo de la otra pared. Hasta que por esa pared pasó Naito acompañado de algunos actores secundarios.

-Oh, ¡Naito-kun, ven un momento!

-Bueno, yo me voy a hablar un segundo con Miyako.

-Tú no te vas a ningún lado. Espera un segundo.

 

 

Yo me quería morir, simplemente. Vi a Naito caminando hacia nosotros con paso decidido mientras me miraba a los ojos directamente. Se me hizo eterno el resonar de sus pasos, pese a que no había tanto espacio entre nosotros. Yo, que me había conformado con estar a 20 metros de él, tenía que soportar que estuviese a 3 metros ahora y que mi cara no mostrase todo aquello que sentía en ese instante. Su olor invadió el espacio que había entre nosotros, haciendo que me costase aún más respirar en ese instante. Canela, madera de Palisandro, limón, ámbar negro… se fundían en uno en la tan conocida fragancia de Paco Rabanne por la que todas suspiraban. Ese perfume magnificaba a Naito. Como si lo hubiesen hecho para él. Le gustaban los componentes que tenía. Eran tan místicos y perfectos como él. Olía a madera mojada. Me venían imágenes de selvas frondosas, de tierra empapada y de ritos y culturas jamás contadas por el hombre. La canela tan dulce mezclada con ese toque ácido del limón describían perfectamente a Naito. Y luego el ámbar. Mineral que refracta la luz débilmente. En el aire el ámbar arde, creando una llama brillante que desprende olor a resina de pino. El ámbar raya en color blanco. Blanco como su piel pálida y brillante.

-Naito-kun, ella es Aya-chan. Ya sabes quién es. – Naito me miró con seriedad e hizo una reverencia.

-Encantado de conocerla. Es un honor para mí trabajar con una profesional como usted. Quería darle las gracias por contar conmigo, Aya-san. Trabajaré duro.

-Lo sé. Gracias por aceptar…- tragué saliva. Ni siquiera era capaz de pronunciar su nombre sin ponerme nerviosa- …Naito-san. Me voy.- hice una reverencia y me fui sin mirarle a los ojos de nuevo. Mi corazón estaba demasiado exaltado para girarme. Quise ser graciosa, quise ser amable y simpática, quise mostrarle quien era yo realmente. Pero fui fría y seca. Él no podía saberlo, pero mis sentimientos se estaban desbordando.

 

 

Me senté junto al director cuando él dio la señal para comenzar a grabar. Me pasé el resto de la tarde observando cómo actuaban los chicos. Miyako estaba mirando con ojos de ternero degollado a Naito mientras yo reía por su descaro. Habían pasado varios días desde que él llegó al rodaje. Sin duda aquel papel le iba perfecto, porque era su papel y porque él valía para ser el protagonista de cualquier serie. Pero pese a que trabaja duro, siempre le estaba pidiendo consejos para actuar a Riko y los demás y se los tomaba realmente en serio. La familia estaba al completo con él y eso era algo que se notaba. Había muy buen ambiente, los actores estaban tranquilos y trabajaban bien. Les encantaba reírse con él de las tomas falsas y comentarlas después. Para todos ellos Naito era como el hermano menor. Sincero y puro, divertido, comprometido y trabajador, amigable y dulce. Las críticas tampoco se habían hecho rogar. El país entero estaba encantado con el reemplazo y esperaba ansioso el estreno del primer capítulo. Yo me sentía ridícula y absurda. No era de esas que se dejan llevar por el nerviosismo ante una celebridad, siempre les hablaba con naturalidad, pero con Naito era diferente. Tal vez fuese por ese grado de distanciamiento que él mismo ponía, llamando de usted a todo el mundo, aunque tuviese la misma edad que él. Yo era dos años más pequeña y sin embargo me hablaba como si tuviese la misma edad que el señor Iroshi. Todos le reprendían por eso, porque su personalidad no dejaba a nadie indiferente y todos necesitaban ser un poco más cercanos a él. Pero cuando les seguía llamando por el sobrenombre cortés ellos no podían evitar reírse. Yo sin embargo no era capaz de quitarle el san de detrás como hacía el resto. Desde aquel día me había sentido asqueada conmigo misma, por no ser capaz de tratarle con la naturalidad con la que trataba al resto. Tal vez fuese porque había algo que me daba vueltas en la cabeza. Y es que era obvio que tarde o temprano, sólo él podría darse cuenta por algunos datos del personaje que estaba basado en él un poco. Quería decírselo, ser clara con él, para poder sentirme mejor y dejar de ser tan fría, pero no sabía cómo o en qué momento hacerlo. Pero decidí que iba a decírselo costase lo que costase, porque odiaba comportarme de ese modo. Más que nada porque era muy obvio que sólo con él lo hacía, mientras que a los demás, aunque tuviesen un par de años más que yo y fuesen actores reconocidos, les llamaba chan y kun sin problemas. Para mí eso seguía siendo una gran barrera. Ellos sabían en qué momento podían pasar de un calificativo a otro y lo hacían naturalmente. A mí tenían que decírmelo para saber qué era lo correcto. Hubiese deseado que la presentación hubiese sido como en Irlanda, estrechar la mano, dar un beso en la mejilla y hablarle de tu sin problemas. Quizás lo hubiese pasado mal, pero ahora no me costaría tanto intentar ser natural con él. De todos modos, él era dos años mayor, así que si él no lo decía, no tenía motivos para hablarle más informalmente.

Pensaba en esa y otras cosas cuando un ruido me hizo volver al estudio. Con el forcejeo de Akira en el despacho con el subordinado y Lisa, una de las escaleras de atrás del decorado se había caído cerca de donde estaba la actriz que actuaba de Lisa y estaba de pie con la mano en el pecho en plena conmoción. Iroshi se había acercado corriendo y todos la rodeaban intentando tranquilizar a la pobre actriz medio japonesa medio inglesa, que se ponía nerviosa por momentos. Naito, Riko, Maho y Miyako intentaban sacarla del shock sin resultado, así que me fui hasta la máquina expendedora de fuera.

-Esa chica…- dijo Naito al ver que la directora se marchaba como si no estuviese el estudio en colapso.- Es demasiado tranquila.

-¿Aya?-preguntó Yukino. Él asintió, un tanto molesto por la reacción de ella.- Qué va, es todo lo contrario. Mientras nosotros entramos en colapso ella debe de estar tramando algo. Es la única que consigue lidiar con el director y calmar los ánimos cuando hace falta. Cuando hay un problema, todos llaman a Aya.

-Pues no la veo por ninguna parte.

Resoplé y me hice paso entre la multitud confundida hasta que llegué junto a mi Lisa y los demás. Le puse una lata de cerveza fría en el hombro, haciendo que la actriz se sobresaltase le dije:

-¿Una cerveza?- ella me miró y asintió, cogiéndola aún temblorosa.- Vamos, tengo ganas de beber un poco fuera.- Todos se quedaron allí atónitos mientras Lisa 2 y yo nos sentábamos en el banco afuera.

-Gracias, Aya. No sé qué me ha pasado, pero me he quedado pillada de golpe.

-Normal. Yo estaba dándole vueltas a la cabeza a un par de cosas cuando he escuchado el estruendo. ¡Ha sido increíble! Deberías de usar esa cara de descompuesta que has puesto para mirar con odio a Akira.

-¿Verdad?- la actriz comenzó a reír mientras se tomaba de un sorbo la cerveza.- Como me haga efecto esto será culpa tuya.

-Anda ya- dije riendo- ¿qué es esta cosa suave en comparación con nuestras pintas?

-Es verdad.

Iroshi vino hacia nosotros y se llevó a la actriz, que de buen humor, se puso a bromear sobre la escalera y siguió grabando sus partes con sus compañeras de trabajo de oficina.

-¿No es genial?-le preguntó Riko a Naito, haciendo que este diese un salto del susto- No sé qué estarían murmurando en inglés, pero ahí estaba de nuevo Aya salvando el día. Con qué tranquilidad calma a la gente, oye.

-¿Hace esto muy a menudo?

-La última vez, antes de que vinieras, Iroshi-san estaba súper cabreado con aquel chico de allí porque no le salían sus frases. Ella le llevó fuera, estuvo un rato charlando con él y consiguió que el director le diese ánimos y le invitase a tomar algo en el bar. Creo que todos piensan que el día que Aya no venga será una catástrofe. – rió animadamente. Naito se le quedó mirando su hermosa cara fruncida y sonrió también.

-Salgamos esta noche.- Riko lo miró sorprendida, al ver su cara seria.- Salgamos a cualquier parte.

-Vale, es verdad, necesitamos algo de diversión. Le diré a los demás. También podría llamar a Kimura, qué guay.

-Estupendo.

 

No sabía qué hacía allí para empezar. Sabía que había sido él el que lo había propuesto, pero quería salir con Riko a solas, no con toda la familia al completo. Aunque se lo tenía bien merecido. Era imposible que ella dijese que sí a algo como eso. Había querido quedarse en casa, fingir que estaba enfermo, pero hubiese sido extraño. Así que allí estaba, con un hiperactivo Juichi por compañía, esperando a los chicos del rodaje y a Riko y su estupendo novio en el vestíbulo del salón de juegos.

-Tengo curiosidad por conocer a Aya-chan. Habláis todos tanto de ella…- dijo Juichi mientras balanceaba los brazos en su espalda.

-Tss. La llamas Aya-chan y ni siquiera la conoces. Ella es rara, ten cuidado.

-¿Rara?

-Mm. A algunos los trata de usted y a otros les llama chan o kun.

-Bueno, eso es normal ¿no? Ella es junior, así que me tratará de usted- reflexionó él- Bueno, pero yo le diré que no lo haga. ¡Oh! Hola, Riko-chan, Yukino-chan, Jin-kun, Kimura. ¡Miyako!

-¡Juichi!-exclamó la chica yendo hacia él y haciendo una especie de saludo en clave con las manos. –Cuánto tiempo. Mira, te presento a Lisa y Aya.

-Encantada de conocerle.- dijo formalmente Lisa mientras yo me reía. Era imposible que ocultase su diversión al ver al enano de Juichi. Para nosotras siempre fue un niño pequeño.

-Lo mismo digo.- pero entonces él me agarró de las manos ante el asombro de Naito y negó con la cabeza.

-Llámame Juichi-kun por favor. Tú también- le dijo a Lisa.

-Vale, Juichi-kun.

-Vamos dentro, quiero jugar a muchas cosas y llevo mucho tiempo esperándoos aquí afuera.- Juichi agarró a Miyako del brazo y, seguido por Lisa, Aya y Jin fueron adentro riendo.

Naito se sintió aún más estúpido, al ver cogidos de la mano a Kimura y Riko. Su cara era seria. Intentaba ser frío, pero le costaba horrores fingir que estaba bien. Hizo una pequeña reverencia y la pareja entró junto a él en la sala.

-Juichi sigue siendo tan informal como siempre.- rió Kimura alegremente- apenas las conoce y ya las trata de ese modo. Es como un niño pequeño, es imposible enfadarse con él.

-Mm. Eso le da bastantes problemas.

-¿Por qué?-preguntó Riko curiosa.

-Bueno, él trata a todo el mundo así, incluso a las fans. Aunque ellas lo saben, eso hace que piensen cosas que no son. Y tiene que estar constantemente quitándoselas de encima y teniendo problemas. – Riko y Kimura comenzaron a reírse de nuevo.

-Tan genial él…

Se sentaron en una mesa todos juntos mientras decidían a lo que jugar. Todos charlaban animadamente, salvo Naito, quien precisamente no estaba siendo el rey de la fiesta. Jugueteaba con el móvil sentado un poco apartado del resto, intentando no estar en ninguna conversación. Las chicas se lo pasaban genial con el inocente Juichi mientras la parejita reía por lo bajo. Sin duda prefería mantenerse al margen. Invitarla a salir había sido una mala idea. Pero tampoco podía estar así mucho más tiempo. Todos conocían al risueño Naito, si no le veían reír, se darían cuenta de que no estaba bien.

-Ey- le dijo Jin dándole un pequeño golpe en el hombro- Estás absorto en el móvil, men. ¿Y Heiji?

-Oh, tenía que ir hoy a un programa de televisión. Se llevó vociferándonos por el teléfono cerca de media hora porque no habíamos contado con él.

-Supongo que mañana se hará la víctima.- Jin comenzó a reír. Lisa le miró momentáneamente. Ver su sonrisa una vez más la elevaba al cielo. Seguía teniendo la misma hermosa expresión en el rostro y eso la reconfortó. Porque apenas había pasado una semana desde que se vieron por última vez y ya se le había olvidado su cara. – ¿Cómo te va la grabación?

-Es muy divertida.- reflexionó Naito unos instantes.- Todos son muy amables, y se ayudan constantemente. Cuando los tengo cerca me recuerdan un poco a mi familia. Ahora que lo pienso, las tomas falsas son de lo mejor.

-¿Verdad, verdad?-preguntó Yukino.- Jin-kun, esta mañana, aquí donde ves a tu amigo, en medio de una seria y fría reunión en la cafetería con el jefe de sección, se atragantó con el sushi.

-Bueno, eso es algo que me gustaría olvidar.- admitió Naito mientras Jin no paraba de reír a carcajadas. Todos se metieron de repente en la conversación, mientras un azorado protagonista agachaba la cabeza e intentaba peinarse su flequillo negro con las manos.

-También cuando se llevó concienciándose como media hora para poner cara de vinagre y mirada fulminante, y cuando levantó la mirada, la pobre inglesa no pudo evitar reírse y le escupió a la cara. Fue buenísimo, hasta Iroshi-san no podía parar de reír.- comentaba Riko.

-Oh-exclamó Miyako- un momento digno de recordar fue cuando tuvo que dar un golpe sobre la mesa del despacho y le dio al teclado y se le puso la cara blanca, intentando seguir con el guión, mientras los cámaras se descojonaban. A Lisa se le aflojó la mano y todos dejaron de grabar muertos de la risa.

-Vale, vale, creo que Jin lo ha pillado ya. ¿Por qué sólo habláis de mis fallos?- todos se pusieron serios, pero Naito comenzó a reír a carcajadas y los demás le imitaron.

Cuando vi aquella hermosa sonrisa el mundo se paró por completo. Sus ojos se cerraron, arrugándose de forma perfecta. Su boca carnosa se torció, y en el surco de la mejilla derecha apareció un pequeño hoyuelo. Naito intentó taparse la boca con las manos. Siempre lo hacía. Había visto ese gesto mil veces. Su risa contagiosa, sus ojos cerrados, su cuerpo moviéndose nerviosamente mientras agachaba la cabeza, tapándose el rostro con el pelo y dejando salir la risa a raudales mientras daba palmadas. Tenía ese efecto narcotizante que hacía que los demás olvidaran sus problemas. Sus ojos transmitían pureza y paz. Contenían la vitalidad de todo un planeta destellando desde sus pupilas oscuras. Y solo existía el sonido de su risa clara y limpia y la mueca de sus labios. Me dolía tanto el pecho que tuve que llevar mi mano al corazón para implorarle que se detuviera. Ellos dejaron de reír y me miraron.

-¿Te encuentras bien Aya-chan?-preguntó Juichi con su voz aniñada.

-Sí, no te preocupes.

-Pero te estás sujetando con la mano.

-Aya ha tenido mucho estrés últimamente. Apenas duerme, y corre de un lado a otro del estudio al gabinete. Pero siempre se esfuerza por salir a dar una vuelta por la noche o molestarme a mí, dicho sea de paso.- dijo Lisa. Pero ella también me miraba extrañada.

-Oh, es como Naito entonces. Creo que es masoquista a veces.- Naito me estaba mirando con seriedad y maldije el momento en el que dejó de reír.

-Estoy bien, creía que tenía un poco de ansiedad, pero no. Era solo que tenía mucha sed.

-¿En serio?-preguntó Jin. Yo asentí y todos siguieron charlando.

-La acompaño afuera a por algo de beber.- Naito se levantó de la mesa y permaneció de pie a mi lado. Cuando supe que se refería a mí, me llevé tal sorpresa que tuve que asimilarlo antes de levantarme. – ¿Queréis algo de la máquina de bebidas?

-Yo una Cola.- dijo Juichi.

-¿Nadie más?- todos negaron con la cabeza y se fueron a jugar a la zona de videojuegos.

Naito se puso su trenca de color negro y salimos fuera. Hacía tanto frío que de nuevo nuestras fosas nasales destilaban vaho blanco.

-Creo que vi una máquina expendedora en la esquina. ¿Qué va a pedir?

-Mmm, no sé. Estoy entre una bebida de coco o chocolate caliente. Últimamente hace mucho frío.

-Es cierto. Debería de nevar o llover pronto para que se marchase.

-Yo sin embargo adoro el invierno. El calor me pone de los nervios.- un escalofrío recorrió mi cuerpo al pensar en cómo me derretía en verano con aquellas temperaturas tan altas. Vi cómo Naito me observaba sorprendido, con las manos metidas en los bolsillos.- ¿Qué?

-Nada. Sólo que también me gusta el invierno. Aunque creo que es un poco triste. Mira, ahí está la máquina. Dime, que eligió al final.

-Oh, primero tú, yo aún tengo que pensarlo. – lo cierto es, que me llevé cerca de 10 minutos oscilando con el dedo entre las dos bebidas. Naito estaba detrás, mirando al cielo en silencio. Era demasiado paciente. Al final cogí mi bebida de coco y me di la vuelta para marcharnos. Él me mostró una leve sonrisa.

-Estamos bajo cero y pides una bebida de verano. Es gracioso. Vamos.

-Naito-san.- dije de golpe. Él se giró despreocupadamente.

Lo sabía, era en ese momento o nunca. Era muy difícil poder hablar con él a solas. Tampoco me veía con la capacidad de hacerlo en otro momento. Antes de ir a la sala de juegos habíamos bebido un par de cervezas, así que podía hacerlo.

-Tengo que decir algo. Tal vez me consideres extraña, o no te caiga bien, pero siento que debo hacerlo. Soy una persona clara y no me gusta ocultar cosas. De todos modos tarde o temprano creo que Naito-san se dará cuenta por sí mismo. Así que antes de que eso ocurra, quiero decirlo abiertamente.

-Qué ocurre. Se ha puesto seria de repente. ¿Es sobre mi actuación, he hecho algo mal?

-No. Tú actuación es genial.- yo respiré hondo y contemplé mi lata negra con gran interés.- La novela que escribí… el protagonista, Akira. Me basé un poco en tu personalidad para escribirlo.- después de decir eso, me sentí un poco más tranquila.- No es como si fuese una copia, obviamente no conozco a Naito-san. Pero cuando estaba en Irlanda le vi actuando en un dorama y sentí que era injusto que tuviese un papel secundario. Por eso pensé: bueno, pues yo haré algo contra eso. Por supuesto Akira es único, pero me metí en la web y saqué algunas opiniones de las fans sobre ti para hacer las descripciones de Akira. Lo siento mucho. Siento si le he incomodado, pero pensé que debías saberlo.

-Vaya. No sé qué decir.- Naito me miró con seriedad.- ¿eres… una fan?

-No.- dije rotundamente, tanto que él se sorprendió.- Yo realmente admiro tu trabajo. Para mí eres un ejemplo a seguir de determinación. Bueno, sólo quería que lo supieras. Decir algo como esto es demasiado vergonzoso, incluso para mí.

-¿Qué parte de la personalidad de Akira es mía?

-El pelo y los ojos oscuros. Y lo que piensan las fans de aquí de ti. Akira parece frío en el exterior, pero es muy buena persona y amigable.

-¿Es que no paráis de hablar de trabajo ni un segundo?-preguntó Jin- Me apetecía tomar algo de chocolate.- él sacó una lata y se la llevó a la mejilla. Nos miró y dijo- Vamos, Juichi está desesperado ya por la Cola.

 

Akira permaneció en silencio el resto de la velada y se fue con Jin caminando en silencio hasta su piso. Mientras tanto, Aya no paraba de murmurar cosas de camino a casa de Lisa.

-¿Se puede saber qué te pasa?-preguntó Lisa preocupada.

-Digamos que sé que la he cagado. Le dije a Naito que Akira era él. Pero sé que debía hacerlo.

-Eres idiota. Definitivo.

 

-Qué pasa. ¿De qué hablabas con Aya-chan que te has puesto tan serio de golpe?

-Me ha dicho que parte de la personalidad de Akira es mía.

-Algo me imaginaba. Qué chica, es muy directa. ¿Y? ¿Qué le dijiste?

-Nada.

-¿Cómo que nada? Vamos, algo le dirías. – Naito negó con la cabeza.

-Estaba tan sorprendido que no supe cómo reaccionar. Le pregunté que si era una fan y me dijo que admiraba mi trabajo. Creo que eso me descolocó mucho más que si hubiese dicho que era una fan.

-Aya-chan es sin duda diferente. Es clara y contundente. Dice las cosas cuando debe decirlas, pese a que se consiga el odio de la gente. Por supuesto no es simple. Te dijo que había basado parte de la personalidad de Akira en ti porque te admira como profesional, ¿no?

-Sí. Me dijo que obviamente no me conocía, pero que miró en Internet lo que pensaban las fans y se documentó.

-Como una buena periodista.- rió él. –Estarás aturdido, pero que yo sepa es la primera vez que alguien te dice que te admira. No sólo eso, puso todos los medios para darte una gran oportunidad, porque cree en tu trabajo. Debes estar feliz.

-No lo sé. Esto es incómodo. No sé cómo tratarla de ahora en adelante, ni si debería de decirle algo.

-Bueno, creo que el señor Kagashi debió de sentirse igual en su momento. Tú fuiste sin más y le dijiste: le admiro. En un futuro, me gustaría ser tan buen cantante como usted y que todos me respeten como al señor Kagashi. Pero acabasteis siendo grandes amigos. Tanto, que su muerte no quedó en vano para ninguno de nosotros.

-No me recuerdes eso. Aún sigue siendo doloroso para mí.

-Lo sé. Lo he dicho para que veas que no sois tan diferentes. No tienes que sentirte incómodo, porque tú eres parecido a ella. –Jin sonrió- considero que es divertida y encantadora. Es muy seria y responsable, pero parece una hermana pequeña graciosa.

-Es que es una hermana pequeña.

-Por eso debes de cuidar de ella. Lo sabes, ni siquiera quiso que te dijese que había sido cosa de ella para que no te sintieras forzado a tratarla formalmente. Pero pasaste de mí, ¿cierto? Eres el único que la llama de usted. Siendo tu hermana menor, qué locura. Siempre tuviste ese problema incorregible.

-Como sea, es un tema que no me importa en exceso.

-Cierto. Solo Riko-chan inunda tu mente. Sabes que esto te hace mal. Ha tenido que ser difícil para ti verla con Kimura esta noche. Deberías de decidirte de una vez. O luchas apropiadamente o te olvidas de ella. Pero no permanezcas escondido en las sombras, te hará más daño.

-Es que no sé qué hacer, Jin.- Naito dio un pequeño golpe a la puerta de su piso, frustrado.- Pero, con las tonterías no has cogido por tu camino para regresar a casa. Pasa la noche aquí.

-Puedo pedir un taxi, ¿lo sabes?- rió él animadamente.- supongo que Ji-Ji me echa de menos. Me quedaré para hacerle una visita. Sabes que un día te la robaré.

-Ni lo sueñes. Tu maldito chucho la mataría. Y luego te mataría yo a ti.

Había pasado todo el fin de semana sin que Naito diera señales de vida conmigo. No es que me tuviese que hacerlo, en fin, no éramos nada parecido a amigos. Pero lo cierto era que estaba acojonada. El viernes le había dicho todas esas cosas en un acto de valentía y él se había quedado sin palabras. Literalmente. Ahora no sabía qué podía estar rondándole la cabeza. Si me odiaría o sentiría indiferencia, si me trataría aún más educadamente o ni me dirigiría la palabra. Mi cabeza daba vueltas. Quería que él supiese la verdad, porque se lo merecía. No quería que él sintiese que le estaba mintiendo. Sólo quería poderle tratar con normalidad, como hacía con resto, mostrarle mi verdadera personalidad. Pero ahora no tendría oportunidad. Ni siquiera sabía cómo le iba a mirar a la cara. Por eso aquella mañana de lunes metí la cabeza bajo las sábanas revueltas de mi cama. Quería fingir que estaba enferma y no ir a trabajar para no tener que verle. O al menos llegar un par de horas tarde. En fin, no podía fallarles a todos sólo por mi vergüenza. Era directora, no es como si fuera la ayudante del café.

El timbre sonó y me encontré en la puerta a Riko, Yukino y Lisa, que entraron en mi casa pasando por encima de mí casi.

-Te conozco demasiado. Le estás dando vueltas para no ir a la grabación porque te mueres de la vergüenza y no voy a permitirlo.

-Lisa tiene razón.- dijo Yukino- Si no vas, le estarías dando una razón a Naito. Debes de ser valiente.

-Además, él no es de ese tipo de personas. Lo sabes. Es muy educado, así que aunque le haya sorprendido, te tratará con naturalidad en el ensayo.

-Riko, eso es lo que más me aturde. Pero os preocupáis por nada, iba a ir de todos modos. No soy una cobarde, iba a vestirme ahora. Como sea, qué son esas pintas.- no pude evitar reírme al ver a Riko y Yukino con pañuelos de abuela en la cabeza y gafas de sol más grandes que sus diminutas caras.

-¿Y qué esperabas, que nos reconociera todo el edificio y formáramos un escándalo para venir a recogerte?- preguntó ofuscada Riko.- Vístete ya y vayamos juntas. He traído mi coche.

Cuando llegamos, Naito ya estaba allí practicando su guión con la chica inglesa que hacía de Lisa. Mi corazón comenzó a latir con fuerza sin sentido y volví a quedarme paralizada del miedo. Era extraño, ahora que él sabía que lo que leía en el guión era parte de él mismo. Me daba tanta vergüenza que no sabía dónde meterme. Así que me senté junto a Iroshi e intenté portarme con naturalidad todo el día.

-¿Está su café a gusto ya? Porque si es así, me gustaría dejar de jugar a las casitas y seguir trabajando en el proyecto. Vale, me he pasado, lo siento.

-¡Corten! Lisa está odiando en ese momento a Akira por hacerle hacer aquel trabajo, pero no te veo enfadada.-yo carraspeé- Naito-san, tu mirada tiene que ser más fuerte. Eres el jefe, nadie puede hablarte de ese modo, aunque tú le hayas dado la oportunidad, estáis en público y ella se ha pasado de la raya.- Naito me miró seriamente y asintió con la cabeza. Yo tragué saliva.- Venga, continuemos.

-Lo siento. ¿Puedo regresar a mi puesto de trabajo ya, jefe?

-Puedes. Pero Lisa, quiero otro café a las tres.

-Te odio.

-¿Qué has murmurado?

-Que te odio, jefe.- la inglesa puso una sonrisa forzada al pronunciar la última palabra.

-No esperaba menos de ti. Puedes marcharte.

-¡Genial!- rió Iroshi- Preparemos la siguiente escena en el aparcamiento. Vamos, vamos.

Yo miraba desde cierta distancia cómo colocaban las cosas en silencio, para que no hubiese ningún error, mientras Iroshi marcaba dónde debería de ir cada foco. Seguía haciendo mucho frío y todos estaban helados. Por suerte, la escena era de invierno y los actores podían llevar puestos chaquetones. Sentí la calidez de alguien a mis espaldas y me giré a ver quién era.

-Aya-san, ¿podemos hablar un momento?

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