Love Winter II 冬の愛

Imagen: Virginia Ramírez

Imagen: Virginia Ramírez

Segunda entrega de la novela multicultural Love Winter.

Lo sentí un poco por robarle a Lisa a Jin, pero para que el chico me estuviese buscando de esa manera debía de ser algo importante. Fuimos a la sala donde se guardaban los equipos a hablar más tranquilos.

-Quería consultarte algo antes de hablar con Iroshi-san.

-¿Qué sucede? Estás muy serio.

-Realmente me siento mal por dejaros así, así que había pensado en ayudaros a encontrar a un nuevo actor brillante y genial. Quiero proponérselo al director, pero ya que tú eres la escritora, creo tu opinión es muy importante para mí. Creo que he encontrado a alguien que hará perfectamente de Akira. Además de forma natural y espontánea. Tiene todos sus rasgos además.

-¿Él te lo ha propuesto?

-No. Tampoco ha leído aún el guión, pero sé que le hace mucha ilusión. Mira, te traigo una foto, porque no sé si le conocerás.

Jin se acercó a mí y me mostró una foto en su iPhone. Entonces fue cuando mi corazón estalló. El pulso se me aceleró y comencé a transpirar. No sé por qué no lo vi venir antes. Obviamente el único que podía interpretar a Akira a la perfección era Naito. Básicamente, porque aunque Jin no lo supiera, me había basado en él para escribir al personaje. Sencillamente me moriría si tuviese que ver a Naito todos los días. Pero eso no iba a pasar.

-Sería genial que fuese él. Pero el director no lo va a aceptar. En la reunión para elegir a los actores dijo claramente que no quería escoger a un cantante famoso sólo porque fuese popular. Yo no pienso así de él, pero Iroshi-san no va a opinar lo mismo. Lo siento por el drama y por ti, pero deberías de pensar en otra persona.

-Igualmente lo voy a intentar más tarde. Gracias por comprenderme. Sabía que te parecería bien.

Fui al plató y agarré a Miyako, Yukino y Lisa y las llevé fuera.

-¿Qué te pasa? Estás acelerada. Ni que hubieras visto a un fantasma.- dijo Miyako mientras se ponía unas gafas de sol.- Tss, hoy dormí poco.

-¿Es por algo que te dijo Jin?-preguntó Yukino con el ceño fruncido.

-Jin vino a proponerme un actor para el papel de Akira.

-Pero eso es bueno. Todos están nerviosos por eso.

-Lisa, ¿sabes a quién me propuso?- ni siquiera era capaz de pronunciar en voz alta su nombre- A NAITO.

-Nnaito. ¡¿Naito?!- exclamaron las tres.

-Esto es lo que me quedaba para morir tranquila. Hacerle el guión al tío más sexy de Japón. Ua, Aya, tienes que estar muriéndote por dentro. Yukino, tú no lo sabes, pero Aya se basó en la personalidad de Naito para hacer a Akira. Ella realmente le adora.

-Ahora que lo pienso, su personalidad y su forma de describirle me sonaban… Dios, Naito. Hasta las estrellas caemos por él. Recuerdo que una vez bailaron en un Drama Awards y tuvimos que tragar saliva para no chillar. Fue difícil guardar las apariencias.

-Más que eso. En Dublín, Aya y yo nos volvíamos locas viendo sus videoclips y sus videos caseros con la banda. Nos quedamos sin entradas para ir al concierto que dieron en España. Tener a Naito en una obra pensada para él es más que una locura. Miradla, está tan emocionada que no puede ni ponerse a gritar.

-No soñéis demasiado, el director no lo va a aceptar. En la primera reunión no pude decirlo claramente, qué os hace pensar que ahora sí.

-Estás acojonada.- se sorprendió Miyako.- Cielos, cómo no lo vi aquel día. Incluso te daba vergüenza admitirlo en el café. Tú verás lo que haces. Pero piensa que si lo consigues, tu obra será tal y como soñaste que fuese.

-¡Esfuérzate!- exclamó Yukino sonriendo- Quiero trabajar con él por dios…

-Debería de irme. Jin me estaba esperando para hablar con el director.

Jin y yo nos sentamos frente a Iroshi-san en el despacho. Sabía que aquello no iba a funcionar, pero por alguna extraña razón mi corazón no descansaba en paz. Incluso me sudaban las manos de los nervios.

-Jin, te tengo mucho aprecio. Lo sabes. Pero no puedo aceptar a Naito. Lo dije en la primera reunión y no voy a abandonar esa idea ahora. Los dramas han perdido calidad a causa de la intromisión de actores inexpertos. Quiero hacer un buen drama, así que no voy a contratar a un cantante.

-Pero Naito no es cualquier cantante.

-Lo siento mucho, pero no. – Jin se levantó y me dejó a solas con el director.- ¿Qué piensas tú Aya?- no sé qué se me pasó por la mente, pero un chip me saltó a propulsión.

-Yo… creo que Naito es perfecto. Incluso más que Jin.

-Qué dices.

-Verá… es cierto, que él es cantante. Pero yo creo que es más que eso. No sé si lo sabe, pero él es el primer cantante asiático que ha debutado en el mundo occidental. Su concierto en Europa hizo que las entradas se agotasen en 15 minutos después de ponerlas a la venta. Pero al margen de eso, él es serio, responsable y profesional con todo lo que hace. No sólo compone sus propias canciones, también es el director de su propia gira y ha participado en un montón de dramas que han sido prime time. El año pasado el drama que hizo fue todo un éxito y ganó muchos premios.

-Pero ha hecho siempre papeles secundarios.

-Es cierto. Creo que no le han querido dar una oportunidad real nunca. Muchos directores temen lo mismo que usted. Creen que Naito es sólo una cara bonita, pero es mucho más que eso. Él actúa muy bien, se esfuerza mucho por hacer las cosas perfectas. Tanto que ha tenido que tener tratamientos por sobreesforzarse. A mí me encanta cómo lo hace. De hecho, muchas fans de los dramas incluida yo misma se han quedado con las ganas de que tuviese un mayor protagonismo. Usted me ha dado una gran oportunidad. Creo que él incluso se la merece más que yo, pero hay muchos que no quieren verlo. No le estoy intentando convencer, pero me gustaría que al menos lo considerara.

-Le tienes mucho aprecio, aunque ni siquiera le conoces personalmente.

-No lo necesito para saber que tiene un talento natural.

-Dime el motivo real y tal vez lo considere. – Iroshi me miró con seriedad y supe que realmente lo estaba pensando. Así que quise ser sincera por completo.

-Me basé en él para hacer a Akira.- Iroshi pareció sorprenderse mucho.- No lo dije aquel día porque temía decepcionarle. Pero lo cierto es, que nadie mejor que él lo haría, porque Akira es Naito.

-Ven conmigo. Tenemos trabajo esta tarde. Tenemos mucho que ver.

Iroshi me hizo mostrarle las actuaciones de los dramas que había visto de Naito. También vio en la red que todos le adoraban por su profesionalidad, que le habían dado un premio de la paz y había construido con el dinero recaudado de la gira refugios para los desprotegidos tras la catástrofe del tsunami. Sus críticas como director de la última gira habían sido muy buenas también. Eran cerca de las doce de la noche cuando apagó el portátil y me dijo:

-No suelo equivocarme a menudo. Pero creo que esta vez tienes razón. Naito se merece una oportunidad para avanzar. Y el papel de Akira es suyo aunque no quiera aceptarlo. – Cogió el teléfono y marcó un número- Jin, dame el número de Naito. Sí, creo que es perfecto. Digamos que alguien me ha abierto los ojos.

No pude evitar dar un soplido de felicidad. Le di mil veces las gracias y me fui. Lo cierto es, que cuando sentí el aire frío de la noche sobre mi cara, no pude evitar llorar. Mientras los coches pasaban y las lágrimas se fundían con el remolino de colores de las luces, me sentía tan contenta, tan orgullosa, que ellas no cesaban. No sabía si él estaría de acuerdo, pero yo había conseguido que mi historia se hiciese realidad. Y tenía la oportunidad de ayudar a alguien a quien profundamente admiraba a avanzar. Para mí era un sueño poder ofrecerle algo. Aunque sólo hubiese contribuido ayudando a convencer de su inmensa valía al director.

Aquella vista de la ciudad le gustaba y le entristecía a la misma vez. Hacía tanto tiempo que vivía solo, que aunque le calmase la tranquilidad que se respiraba entre la multitud, sentía que su piso estaba demasiado vacío. No le importaba durante el día, ya que siempre andaba de un lado para otro, y Heiji y Juichi siempre estaban dando la lata en su estudio, robándole la guitarra y escondiéndole cosas. Pero después del ajetreo de todo el día, la noche se le hacía insoportablemente solitaria. No porque no amase el silencio, sino porque tenía demasiado tiempo para torturarse a sí mismo.

Se le pasaban las horas navegando por Internet desde su Apple blanco recostado frente a la inmensidad de la ciudad viva, que le llamaba con sus luces de colores. Pero sus manos danzaban por el teclado sin permiso, y siempre acababa mirándola a ella. Se sabía todas las fotos de su Twitter de memoria, pero no se cansaba de verlas. Le encantaba la arruga que le salía en el extremo de los ojos cuando reía. En esos momentos su corazón se ponía a palpitar como loco. Sabía que era difícil salir a la calle con normalidad para él, pero también sabía que ese sentimiento no le dejaría dormir bien en la noche.

Y allí estaba de nuevo, sintiéndose irrefrenablemente estúpido y sin ser capaz de acabar con todo aquello. Cuando sus emociones colapsaban, se ponía una sudadera con gorro y salía a su encuentro. Casi nunca estaba, pero su corazón se calmaba yendo a la tienda de pasteles que Riko frecuentaba. Su olor a dulce se mezclaba con la nata y el chocolate recién hechos impregnando el ambiente.

La pastelería tenía un color blanco puro, con sofás y sillas de color crema y lámparas de lágrimas de cristal colgando del techo. Sobre cada mesa, un jarro con rosas amarillas. Naito se sentó como de costumbre en la mesa del fondo y pidió un té. Puso sus fibrosas manos entre la taza calentando sus palmas y contempló el té como si él fuese a darle la solución a sus problemas. Sabía que no lo haría, pero siempre se quedaba allí, dándole vueltas a la taza, dándole pequeños sorbos hasta que se enfriaba. Cuando el té caliente se mezclaba con el olor a dulce, el silencio del café vacío y la sonrisa confortable de la mujer tras el mostrador, su agitado corazón se tranquilizaba. Estuviese ella o no, volvía a casa pudiendo dormir en paz. Y en esos momentos era justo lo que necesitaba.

Lo sabía, que sus ojos eran tristes. Aquella oscuridad siempre le había hecho ser el chico misterioso. Pero le gustaba que su oscuridad se mezclase con el horizonte en penumbra nocturno. Se volvió a colocar el gorro de lana azul que llevaba con las manos y volvió a sujetar con fuerza la taza. Aún quedaba algo de tiempo para que terminara de enfriarse. Entonces la campanilla del café sonó y escuchó una voz suave decir buenas noches. El corazón de Naito volvió a agitarse. Miró al frente y la vio a ella. Con su constante calidez, su pelo largo y ondulado castaño y su vestido blanco. Ella pidió un trozo de pastel y le saludó con una leve sonrisa desde el mostrador.

-Hacía mucho que no coincidíamos. ¿Puedo sentarme?- Naito asintió rápidamente y se sintió aliviado.- ¿Cómo has estado?

-He estado ocupado. Pero supongo que tú también lo has estado. Espero que estés comiendo bien.-Riko asintió y le mostró el trozo de pastel- Es un alivio.

-Me alegro que tú también tengas tiempo para relajarte. Este lugar es bonito.

-Sí.

-¡Cierto!- exclamó ella dando una palmada- Enhorabuena. Estoy muy contenta de que vayamos a trabajar juntos en el drama. Es un honor para mí trabajar con Kimura-kun.

-Llámame Naito, por favor. De ahora en adelante vamos a ser más cercanos.

-Se te ha enfriado el té Naito-kun- rió Riko. Y él se sintió desfallecer.- Debería de irme a descansar. Voy a decirle a la señora que empaque mi pastel.

-Mm. Por cierto, Jin me dijo que el director es duro, pero que es influenciable por la directora creativa.

-¿No lo sabes? Ella te recomendó al director.- Naito la miró sorprendido- Aya-chan te tiene mucho aprecio profesional. Tal vez es porque sabe contar historias tan bien que incluso convenció a Iroshi-san.

-No lo sabía.

-Claro- volvió a reír ella- Aya-chan nos conoce demasiado bien. Le dijo que no lo dijese porque no quería que la tratases en el rodaje con más respeto del deseable o que sintieras que le debías algo por darte esa oportunidad. Ella es extraordinaria, ¿no crees? Cuando la conozcas, no le digas que te dije por favor. Se enfadaría conmigo, y aunque sea mi amiga, no me gustaría que me odiase en el trabajo. Bueno, me voy. Espero que nos volvamos a ver pronto.

-Y yo. Buenas noches.- mientras la veía alejarse por la calle, casi en un susurro dijo- Dulces sueños Riko.

Tan absorbido en sus pensamientos estaba que ni se dio cuenta de que el té estaba frío. Poniéndose el gorro de la sudadera encima y agachando la cabeza, regresó a su casa feliz por aquel momento mágico. Sentía curiosidad por conocer a la directora. Debía de ser algo. Riko y Jin no paraban de elogiarla e incluso el director, que tenía fama de ser muy estricto y serio escuchaba sus opiniones. Que una escritora como ella hubiese puesto su confianza en él y no hubiese querido que lo supiera era digno de ser tenido en cuenta. Sonriendo, pensó que al menos debería de esforzarse mucho más. Así que se tumbó sobre la cama con el guión del primer capítulo y comenzó a estudiar su personaje en profundidad.

El último día de grabación antes de que llegase al set Naito todo fue un caos. Las actrices principales apenas notaron el cambio. Estaban tan inmersas en sus papeles y en la grabación que no vieron cómo los actores secundarios olvidaban las líneas constantemente y articulaban los gestos como si fuesen robots. El director estaba furioso porque la grabación se estaba retrasando, e iba vociferando de un lugar a otro, cosa que no ayudaba a calmar los nervios de los chicos. Los encargados de decoración y maquillaje estaban recorriendo media ciudad buscando los productos adecuados para el actor principal y mientras tanto los actores del set no encontraban el vestuario para ellos.

-Jamás he visto tanta falta de profesionalidad- gritó enfurecido Iroshi-san.- ¿Por qué se vayan un par de trabajadores esto tiene que convertirse en un caos? ¿Acaso no podéis buscaros el vestuario por vosotros mismos? Y ustedes, no os habéis equivocado en todo el mes, ¿qué diablos os pasa hoy? Media hora de descanso. Y espero que nada de esto pase después.- Iroshi dio un portazo y dejó al set en completo silencio.

-Todo esto es por Naito- resopló Miyako-chan.- Los actores creen que no están lo suficientemente cualificados y han entrado en un gran estrés, intentando esforzarse por hacer lo mejor. Deben de sentirse fatal ahora que han provocado la ira de Iroshi y eso no les ayuda. Me dan un poco de pena.

-No es la única que está en otro lugar hoy- suspiré.

-Cierto- dijo incorporándose a la conversación Riko-chan.- Lisa-chan está pasando un mal día también. Creo que debe de estar en alguna parte, pero no he logrado encontrarla.

-Voy a ver qué puedo hacer.

Entré en el despacho de Iroshi con tanto miedo que las manos me temblaban. Jamás había visto a nadie tan molesto como lo estaba en ese momento el director.

-¿Tú también vienes a reprenderme por mi actitud?

-¿Quién lo ha hecho antes? Como sea, entiendo que esté nervioso por el retraso.- él la miró sorprendido.- Los productores y la cadena nos están presionando mucho últimamente para que estrenemos el primer capítulo y aún no hemos terminado de grabar porque no está el protagonista. Luego los de edición tendrán que esforzarse mucho también. Todos estamos preocupados.

-Todo lo que dices es cierto. Necesito que esto se termine ya, de eso depende no sólo mi reputación, sino la de todos los que están ahí fuera.

-Los chicos están muy nerviosos porque creen que no están a la altura de los protagonistas y quieren hacerlo bien. Por eso han estado estudiando mucho y están colapsados. Pero creo que con unas palabras de ánimo se relajarían un poco. Yo siempre lo hago, pero ellos realmente le aprecian a usted. Si les dijese algo, acabaría con la tensión que hay afuera.

-Es cierto. El director también debe de ayudar a los actores y animarles cuando sea necesario. Ve a descansar Aya-chan, yo iré a hablar con ellos.

Iroshi fue hasta donde estaban los chicos reunidos con paso decidido. Al verle, los actores retrocedieron y agacharon la cabeza, apesadumbrados. El director tosió para llamar su atención.

-Estáis trabajando muy duro y os lo agradezco. Si no fuese por gente responsable como vosotros esto no sería posible. Entiendo que estemos todos un poco nerviosos. Venga, os invito a algo en el bar, venid.

Yo buscaba a Lisa por todas partes, pero era cierto que había desaparecido de la faz de la tierra. Ella no solía tener malos días. Siempre estaba sonriendo, aunque le pareciese un coñazo alguna escena y hacía muy bien su trabajo. También daba buenísimas ideas para solucionar los problemas de decoración y de guión. Pero desde que había llegado aquella mañana no paraba de cometer errores. Yo había estado ocupada dirigiendo y modificando el guión, pero la había visto en un par de ocasiones tropezar con los cables y desequilibrar las cámaras de los compañeros. Ni siquiera le habían dicho nada, porque sabían que tenía un mal día, pero la había salir del set en una ocasión y desde entonces no se había vuelto a saber de ella. Lo que me preocupaba es que me pareció verla sollozar al salir. Algo debía de estar pasándole, y ni siquiera había tenido tiempo de contárnoslo entre tanto drama.

Mientras tanto, Jin seguía sentado en los escalones de madera frente al decorado, esperando la calma tras la tormenta. Llevaba allí mucho tiempo sentado, casi medio día, esperando para despedirse apropiadamente y tomarnos algo todo el equipo con él. Era algo que también me entristecía. Habíamos hecho muy buenas migas desde el principio, hacíamos muchas cosas juntos las chicas y él y su sentido del humor siempre me hacía reír. Iba a extrañarle mucho en el rodaje. Él se acercó a mí con mirada seria y afligida.

-¿Qué ocurre? Te veo caminar de aquí para allá cuando tienes poco tiempo de descanso. ¿Ha pasado algo? Vi salir a Lisa hace mucho. Estoy preocupado.

-¿Tu también? La buscaba a ella, pero no aparece.

-Te ayudaré a buscarla. Si la veo te aviso.

-De acuerdo, gracias. Yo tengo que volver a grabar, ya me dices.

Por alguna razón se sentía extrañamente preocupado por ella. Lisa era una persona eficiente que jamás se equivocaba y si lo hacía, solía salir del paso con algún comentario ingenioso y divertido. Pero al saludarla desde la grada aquella mañana ella le había devuelto el saludo con una cara de profunda seriedad y frialdad. No le había vuelto a mirar a los ojos desde entonces, y cuando error tras error había hecho algo impropio, la había visto demasiado indefensa incluso para pedir disculpas. Había agachado la cabeza y vuelto a su trabajo en silencio. Parecía más frágil que de costumbre, como si de un momento a otro fuese a romperse. Cuando la vio salir silenciosamente, quiso ir tras ella, pero no le dio tiempo a seguirla. Ahora hacía cerca de dos horas que no aparecía por ningún lado. Ni siquiera Aya sabía dónde se había metido. La llamó varias veces, pero no cogía el teléfono.

Buscó por todas partes. Fuera, junto al banco y los árboles en los que se solían sentar todos juntos, en la cafetería, en los pasillos, en los camerinos e incluso en el vestuario. Tuvo que hacer un esfuerzo considerable por entrar en el baño de chicas y llamarla por su nombre. Tampoco estaba en el estacionamiento. Jin comenzó a pensar que se había ido del rodaje a alguna parte de la ciudad, pero a menos que hubiese ido andando, era imposible. Allí no llegaban autobuses, había que ir en coche. Se sentó en el banco y sacó dos chocolates calientes en lata. Dejó uno apoyado en el banco y se bebió el otro mientras pensaba dónde podría haber ido la chica. Miraba el fondo oscuro de la lata que acababa de terminarse cuando se le ocurrió un lugar. Agarró el chocolate del banco y salió corriendo por los pasillos solitarios del estudio hacia una puerta de metal que había escondida tras un hueco. La abrió lentamente mientras recuperaba el aliento y acostumbró a sus ojos a la tenue luz de la lámpara.

Le llamaban el cuarto de los trastos. Pero en realidad era esencial para la grabación. En él estaban los focos, las pértigas, los rollos de película, los trípodes y demás elementos necesarios para la cámara. Casi nunca iban allí porque sacaban todo lo indispensable antes de empezar a grabar. Los trastos se agolpaban en estanterías de metal y el suelo estaba repleto de cajas de cartón donde ni siquiera se habían molestado en averiguar qué había dentro. Lisa estaba sentada en una de esas cajas con los brazos apoyados sobre las rodillas.

-Aquí estabas.

Lisa se sorprendió al verle a él parado frente a la puerta. Con su pelo castaño revuelto, sus ojos almendrados y sus carnosos labios. La miraba con preocupación, como si llevase toda la mañana buscándola. De entre todas las personas con las que aquel día hubiese deseado hablar, había aparecido ante ella el único al que no quería contar nada. Jin se sentó en una caja frente a ella cerrando la puerta tras él y cogiéndole la mano, le entregó la lata de chocolate caliente. Ella lo bebió lentamente, mientras su corazón galopaba con furia. Era lógico que lo hiciese. Estaba a solas en el cuarto de los trastos y casi en penumbra junto a Jin Watanabe. Pero por alguna extraña razón, sentía que era algo más que eso.

-Me tenías preocupado, ¿lo sabías? Estaba harto de buscarte.- Lisa lo miró sorprendida.- El chocolate casi se había enfriado ya.

-¿Estabas… preocupado por mí? Lo siento.

-¡Pues claro que lo estaba!- exclamó él con profunda seriedad.- Al menos deberías de cogerle el teléfono a la gente cuando te vas sin dar señales de vida. – Lisa sacó el móvil del bolsillo y vio todas sus llamadas perdidas.

-Lo siento, lo tenía en silencio.

-Pues a partir de ahora lo vas a tener con volumen. Me da igual si estás grabando o no.- Jin le cogió el móvil y le cambió el modo.- ¿Qué te pasa hoy? Ni siquiera me has mirado. No es que crea que debas hacerlo, pero todos se han dado cuenta de que algo te ocurre. Aya-chan y las demás están muy preocupadas también, pero no podían buscarte porque el director echa chispas hoy.

-Ey, ¿qué haces hablándome tan informalmente?

-¿Me vas a decir qué te pasa o voy a tener que estar sentado aquí hasta que hables?

-No es nada importante. Supongo que hoy me levanté con el pie izquierdo, así que me ha salido todo mal y como tengo los nervios a flor de piel, me comporté de forma extraña con todos y salí huyendo. Solo quería pensar un poco para recuperarme y volver siendo yo misma de nuevo. Porque no me gusta que algo como la mala suerte de un día influya en mi forma de ser.

-Entiendo, pero…

-Además, estaba triste. Porque te iba a echar de menos.

Lisa ni siquiera levantó la vista, se quedó dándole vueltas a la lata vacía. De seguro Jin tenía que estar muy sorprendido y le atemorizaba ver su cara. Lo cierto era, que lo que la llevaba reconcomiendo el alma todo el día era aquella sensación de que desde entonces, él estaría lejos de ella. Había deseado conocerle porque le encantaba, había sido feliz al tenerle en el rodaje y coger todo su cuerpo desde primeros planos, le agradaba salir con sus amigas y que él apareciese en la fiesta. Para ella era algo normal, ya que era una especie de fan incondicional de Jin desde antes de conocerle. Cuando supo que se marchaba no le dio importancia, pero lo cierto era que al verle esa mañana y saber que era el último día se había puesto ansiosa y nauseabunda. No entendía qué le pasaba o qué derecho tenía ella de comportarse de ese modo ante una estrella, pero al ver a Jin aparecer sus sentimientos se habían aclarado del golpe. Y supo que no era simple predilección de fan, sino que realmente le gustaba.

Lisa levantó la mirada y vio a Jin mirándola fijamente con los ojos descolocados. Se había sorprendido de verdad. Por suerte la luz amarillenta de la lámpara hacía efectos sobre la piel, ya que de no ser así él hubiese visto lo rojo que tenía el rostro. La puerta se abrió de repente y tras ella apareció Aya con un par de micrófonos de cámara.

-¡Lisa! Estabas aquí. Oh, hola Jin-chan.

-¿Qué ocurre?- preguntó Lisa levantándose y yendo hacia la puerta.

-Tenía que venir a cambiar un par de micros que no funcionaban. ¿Vamos? En serio, este cuarto debería de tener un poco más de ventilación. Te llevas un rato ahí y te pones toda roja. Deberías de haber abierto la ventana.

-Es verdad, hace mucho calor ahí dentro.

-¿Pero qué hacías ahí? ¿Jin, vienes?- él se levantó y caminó en silencio tras ellas. Iba a contestarle a Lisa cuando Aya había llegado.- Ya hemos terminado por hoy. Todos están ya muy relajados, así que es un momento genial antes de que todos se empiecen a ir para que Jin-chan se despida y vayamos a tomar algo juntos.

-¡Watanabe-kun! Al fin apareces tu también- le llamó el director pasándole el brazo por encima del hombro.- vamos a tomarnos algo en el bar en salud a él, ¿de acuerdo?

-¡Sí!

-Yo quería daros las gracias a todos por haberme tratado tan bien este tiempo. Para mí ha sido una experiencia estupenda y siento mucho no quedarme con vosotros hasta el final, porque realmente me hubiese gustado. Siento que mi resistencia física no sea suficiente. Por mi culpa os habéis atrasado.- Jin hizo una reverencia hasta la cintura y todos comenzaron a aplaudirle.

-No te disculpes. Cuando las cosas no salen es por algo. Además, ya tenemos protagonista, así que no hemos perdido tanto tiempo, podremos hacerlo. Venga, bebamos en honor a Watanabe-kun. ¡Kampai!

Ya había oscurecido por completo cuando todos los trabajadores se marcharon del set. Miyako conversaba con Maho, Lisa y Yukino cerca del aparcamiento. Detrás, los actores secundarios aún se despedían de Jin, Riko y Aya. Pero Jin estaba distante.

-Vayamos a tomar algo a otro lado. Me ha parecido poco una cerveza. El karaoke estaría bien. Podemos cenar allí.

-Es raro que tú seas el que propone salir- le dijo Riko a Jin.- Bien, supongo que hoy es un día especial. Avisaré a Kimura-kun para que sepa que llegaré tarde a casa.

Estaba muy nerviosa. Después de la saturación de todo el día, de la desaparición de Lisa y de la despedida de Jin, yo no podía dejar de pensar en que al día siguiente vería a Naito. Tal vez ni siquiera lo saludara, porque no se veía con fuerzas para hacerlo, pero el simple hecho de tenerle a 20 o 30 metros de ella hacía que la sangre le fluyera descontroladamente por el cuerpo. Ni en sus mejores sueños había soñado tenerle tan cerca. Poder contemplar sus ojos oscuros desde tan cerca la hacía perder el juicio.

Me tenía que ir pronto, porque tenía que trabajar en el gabinete por la mañana y llegar a tiempo a mediodía al rodaje, pero quería beberme al menos un par de cervezas más en la comida y cantar varias canciones con todos para relajarme un poco. Lisa seguía aturdida. No sabía qué le pasaba, pero la conocía muy bien y sabía que estaba intentando fingir que estaba genial cantando con las chicas. Jin no parecía el mismo tampoco, sentado en una esquina hablando tranquilamente con los chicos. Pese a que había sido idea suya, ni siquiera se había terminado la cena que había pedido.

-Lisa, acompáñame al baño por fa. Estoy un poco mareada y temo caerme por ahí.- cuando la saqué de la habitación, la llevé al pasillo de abajo.- Tú, dime qué leches te pasa. ¿A que es por Jin? No me mientas.

-¿Qué? ¿De qué hablas?

-Te has puesto nerviosa. Vamos, a mí no puedes engañarme. Llevas un par de días muy susceptible y siempre que te veo estás mirando a Jin. Es porque se va, ¿verdad? Estás deprimida.

-Ya estás otra vez. Siempre haces lo mismo, Aya. Te inventas historias de amor en la cabeza y me las cuentas como si fueran verdad. La última vez en Dublín me acabó gustando el idiota ese por culpa de tus cuentos. Y ahora quieres hacer lo mismo. – Yo fruncí el ceño.

-La última vez te pusiste a la defensiva antes de decirme que te gustaba. Además, esto es diferente. Yo no te he contado historias esta vez, porque ya nos las montábamos antes de venir a Tokio. Venga ya, hija. Te salvé en el cuarto de los trastos diciendo que no tenía suficiente ventilación, pero sé que estabas así por él.

-¡¿Y si lo sabes para qué me preguntas?! Es obvio que me acabaría gustando alguien como él si le tenía cerca mucho tiempo. Ahora se va y como Tokio no es grande, es imposible encontrarle ni siquiera por casualidad. Esto es una mierda. Pero gracias- dijo Lisa suspirando- ahora que al fin le he dicho esto a alguien me siento mucho mejor. ¿Volvemos? Quiero cantar mucho esta noche.

-Yo me voy ya, mañana tengo que madrugar. Pero me lo he pasado muy bien. Jin-chan, espero que nos veamos pronto.- el chico me saludó con la mano mientras me ofrecía una sonrisa encantadora.

-¡Nos vemos Aya-chan!

-Oh, estoy harta de cantar, necesito algo de descanso.- Lisa se sentó en el sofá y le dio un sorbo a la cerveza, aunque la odiaba.

Jin la miró con seriedad y se levantó de su sitio, poniéndose ante ella.

-Sal un momento, quiero que me acompañes a un sitio.

Jin caminó en silencio hasta la salida del karaoke con Lisa a sus espaldas. El frío gélido congeló los huesos del chico, que tuvo que abrocharse el chaquetón gris con gorro. Sin embargo los nervios de Lisa impedían que la temperatura de su cuerpo bajase.

-Quería decirte algo esta tarde, pero no pude decirlo y no quería que se terminase el día sin hacerlo. Me sorprendió mucho lo que dijiste.

-No es para tanto. Todos te van a echar de menos.

-Pero tú me lo dijiste directamente. Y eso me hizo pensar un poco. Es cierto. Hemos pasado muchas horas juntos, así que ahora se hace difícil volver a la rutina. – Jin se giró y la miró directamente- Pero no es como si todo acabase. Quizás debí decir eso claramente antes. Vamos a seguir viéndonos y pasándolo bien todos juntos como hoy. Creo que eso es genial.

-Lo es. La verdad, me apenaba un poco todo esto. Ahora me da vergüenza haberlo dicho tan abiertamente.- rió Lisa. Pero lo cierto es que estaba aliviada. De poder seguir viéndole y de que él no lo hubiese entendido de otro modo. Así es como debería de ser.

-Pero quería decirte algo más a ti. Lisa- cuando escuchó a Jin hablarle tan informal de nuevo un escalofrío recorrió su cuerpo- quiero que cuentes conmigo para lo que sea. No te lo estoy diciendo por cumplir. Sé que eres orgullosa, pero quiero que si tienes algún problema, pienses en mí y me llames. Yo intentaré ayudarte todo lo que pueda. Y no vuelvas a silenciar el móvil o irte sola sin decirle a nadie. Preocupas a todo el mundo así.

-Vale. Te prometo que pensaré en ti si algo sucede.

-Eso es bueno. ¿Regresamos?

No podía dejar de dar vueltas en la cama. Así que cuando Ji-Ji saltó sobre su regazo fue un alivio. Ella siempre sabía cuándo estaba mal. Naito la elevó en el aire y la acarició entre las orejas mientras el felino ronroneaba y le miraba con sus grandes ojos azules. Él se pasó la mano por el pelo echándose el largo flequillo hacia atrás y se levantó dejando a Ji-Ji en el suelo. Caminó en calcetines hasta el oscuro y solitario salón y se estiró frente a la cristalera del balcón, observando a la ciudad mientras dormía. Permaneció allí tumbado a oscuras, junto a una copa de champán, como una hora. Entrelazando sus pies mientras sus fibrosos y blancos brazos sujetaban el peso de su cuerpo sobre el suelo de madera.

Había sufrido mucho para llegar donde estaba. Teniendo que soportar el peso de conocer que sus padres le habían abandonado nada más nacer, se crió en una modesta y humilde familia de Akasacho, en la prefectura de Gifu. Sus padres adoptivos, a los que quería muchísimo, tenían un pequeño restaurante tradicional en el que vivían ellos en la planta de arriba. Siempre quiso ser cantante, poder transmitirle a otros sentimientos que le hiciesen felices o acompañasen sus tristezas. A los 16, con el dinero justo, se fue a Tokio en busca de fortuna él solo. Sustentándose solo de ramen, tuvo dificultades para pagar la habitación de la residencia en la que vivía. Su cara siempre fue misteriosa, su rostro demasiado bello. Y los demás lo tomaban por criminal. Con el poco dinero que le quedaba se puso a vender chicles que nadie compraba porque creían que eran robados. Su suerte cambió gracias a una mujer que le compró todos los chicles, con los que pudo pagar la habitación. De repente, alguien lo vio.

Caminaba un día por la calle cantando mientras regresaba de sus clases en la universidad cuando un hombre con traje de chaqueta se le quedó mirando fijamente. Le extendió una tarjeta y le ofreció presentarse a un concurso de talentos en su compañía musical. Fue así como le cogieron para formar parte de una banda.

Naito siempre tuvo una gran voz, una hermosa sonrisa inocente, la fuerza suficiente para avanzar y el conocimiento para ello. En un año su grupo se hizo el más famoso de Japón. Y en varios años, su nombre se extendió como la pólvora por toda Asia. Incluso le conocían en Europa o Estados Unidos. El concierto que hizo en México agotó las entradas 15 minutos después de ponerse a la venta. Las ofertas para trabajar en series, películas y colaborar en álbumes le llovían del cielo. Tenía una casa hermosa, todo lo que siempre soñó. Sus amigos eran extraordinarios. Pero había tenido que pagar un alto precio para tener todo eso. Después de sus ajetreados días, en su casa sólo le esperaba Ji-Ji. Hacía lustros que no podía ir a ver a su familia o a sus amigos en Corea del Sur. Todos se acercaban a él por su fama y su dinero, las chicas por su apariencia física. Ni siquiera tenía tiempo de tener una relación amorosa normal. Viajaba constantemente, apenas descansaba, estaba sometido a una gran presión. A Naito no le importaba nada de aquello, era feliz haciendo todo eso. Pero desde hacía medio año todo se había vuelto diferente.

Cuando conoció a Riko sintió unas ganas irrefrenables de trabajar menos, de prestarle más atención a ella. De hacer todo lo posible por conseguir que fuese su pareja. No le importaba si tenía que ponerse a escribir letras o hacer ejercicio a las 2 de la mañana. Quería poder sacar tiempo de su ajetreada vida e ir a visitarla, invitarla a cenar fuera u olvidarse de todo y llevarla de vacaciones de fin de semana. Pero ella estaba con un actor llamado Kimura. Él nunca leía la parte de celebridades de los periódicos, por lo que no supo en un principio que su relación era seria y llevaban varios años juntos. Quiso olvidarla. Y de repente, comenzó a verla en todas partes. Ni siquiera había tenido la oportunidad de confesarse. Naito era demasiado formal y empático como para hacerle eso a un compañero de profesión. Él no tenía derecho de meterse en medio de una relación. Ni siquiera sabía lo que sentía por ella. Si era pura fascinación o amor. No había tenido tiempo de conocerla o tratarla en profundidad, así que no lo sabía.

Ahora estaba francamente atemorizado. Porque desde aquella misma mañana tendría que trabajar con ella durante al menos un año. Tenía miedo de conocer sus propios sentimientos hacia ella, de tenerla tan cerca y no saber cómo reaccionar. Pero ante todo tenía miedo de convertirse en una mala persona e intentar quitarle a Kimura a su novia. Heiji le había dicho que todo el mundo tiene derecho a intentarlo, que en el amor no mandaba nadie, que no se dejaba llevar por la razón. Pero Naito no quería ser mala persona. Lo cierto era, que un escalofrío le subía la espalda en imaginarla a ella. A sus ojos claros y risueños, a su pelo largo ondeando, a sus hermosas manos pintadas de esmalte transparente y perlas de cristal.

Ji-Ji volvió a merodear la pierna de Naito mientras el joven se pasaba las manos por sus dobles párpados. Desperezándose y bostezando, agarró el cuerpo gris del animal y volvió a la cama. Pensando que probablemente debería de tomarse una valeriana antes de ir al set de rodaje y que eso sería un secreto entre el felino y él.

Eran cerca de las tres de la tarde cuando aparqué el coche en el aparcamiento del estudio. Había pasado la mañana escribiendo notas de prensa y artículos y había tenido tanto trabajo que lo había olvidado. Pero cuando salí a la calle y me monté en el coche, la ansiedad se apoderó de mí. Tuve que cerrar los ojos y ponerme a respirar hondo como una idiota en medio de aquel caos de gente, sujetando el volante con las manos. Por suerte ellos iban demasiado ocupados como para mirar dentro de los coches. Ni siquiera había comido. Estaba tan nerviosa que no tenía apetito. Me tomé una pastilla de hierbas que me calmó.

Pero allí en el aparcamiento, el nerviosismo se apoderó de mí de nuevo. Me preguntaba cuál de todos aquellos coches caros era el suyo. Cómo estaría la gente dentro. Me preguntaba a qué olería, qué llevaría puesto, cómo se sentiría al estar tan cerca de aquellos ojos profundos y de su mirada seria. Si alguien habría desvanecido al verle reír por cualquier error de grabación. Si sus ojos coincidirían con los míos en algún momento del día. Pero lo que más me preocupaba era si yo le caería bien o me odiaría desde el mismo instante en que me viese. Porque sabía que él era de las personas que te hacían un análisis con la mirada. Y que si algo no le gustaba a la primera, era casi imposible que pudieses cambiar su opinión de ti. Me asustaba profundamente que fuese una de ellas, y sería frustrante si después de toda mi hiperventilación, mis esfuerzos por tenerle cerca y mi noche de insomnio no hubiesen servido de nada. Lisa me había llamado como unas mil veces esa mañana, pero no me había sentido con fuerzas como para responderle.

-Esto es absurdo. Yo lo soy.

Suspirando, cogí mi bento precocinado del asiento del copiloto y me puse a comer unas piezas de sushi y onigiri relleno de carne. Fuera debía de estar helando. El cielo oscilaba entre el gris y el blanco. A penas había nubes, parecía uno de esos días en los que iba a nevar de un momento a otro. Pero el tiempo no había dicho nada como eso. Hacía mucho que no llovía, por eso hacía tanto frío últimamente. De mi boca salió un vaho blanquecino que empañó el cristal frente al volante unos segundos. Una de las cosas que me gustaba del invierno era precisamente aquel vaho blanco.

La puerta del estudio se abrió y contemplé a lo lejos salir a una figura negra, que se quedó de pie junto a nuestro banco de madera. Respirando hondo, algo más tranquila, salí del coche y me fui tarareando hacia la puerta.

Entonces mi cuerpo se paralizó por completo. Bum- bum- bum-bum. Sentí los latidos resonando en mis oídos. Mis piernas temblaron y mi garganta se secó en cuestión de segundos.

Naito estaba mirando al cielo blanco y vacío de nubes con aquellos ojos negros brillantes. Su pelo negro se movía con el viento frío. Su delgada y perfecta figura llevaba un traje negro con blusa y corbata negras. Se metió en su carnosa, perfecta y dulce boca un cigarrillo y exhaló el humo, confundiéndose con el cielo blanco. Poseía una suave perfección oscura, nerviosa, casi mística y palpitante. Aquella cara debía de haber sido engendrada por el mismo diablo. O por el mismo Dios. No sabía muy bien qué era. Pero su rostro era tan simétrico que parecía un muñeco creado matemáticamente por un programa de animación. Sus mejillas marcadas, su expresión seria, sus movimientos, su doble párpado de los ojos, su forma de arrojar el humo. Todo en él estaba lleno de testosterona. Y aquella mirada profunda. Era la mezcla perfecta de la locura. Inocencia, pureza, oscuridad, tristeza… todo estaba en ellos a la misma vez. Y yo sentí como me hacía pequeña y mi corazón y mis sentimientos gigantes. Naito giró su rostro y me miró. Y desfallecí, me quedé sin respiración.

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