Crónica: Mangafest 2012

El Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla ha organizado el I Festival de Videojuegos y Cultura Japonesa de Sevilla o Mangafest. Celebrado los días 7,8 y 9 de diciembre, acoge numerosos stands de todo tipo al precio de 4 euros la entrada. 

Eran las seis de la tarde cuando cogí el autobús de línea que llevaba al Palacio de Congresos de Sevilla. No tenía muy claro cuál era la parada en la que debía de bajarme, pero las personas que iban dentro del transporte urbano me dieron una ligera pista. Rodeada de pelucas de colores chillones, atuendos sacados de la mejor película de ciencia ficción y cómics en la mano, llegué a las inmediaciones del palacio. Casi oscurecía, pero el movimiento junto a la cúpula de la entrada era imparable. Habría un centenar de jóvenes y niños correteando, comiendo ramen para merendar, haciendo batallas de soft-kombat con grandes espadas de cartón y cinta aislante y alguna que otra asociación distribuyendo panfletos disfrazados de payasos.

En el interior, una gran pantalla informativa dejaba constancia de todos los cursos que tenían lugar en las instalaciones: clases de iniciación de japonés, competiciones de cartas, traducción en cómics, concurso de cosplay… en el pasillo, junto a la pantalla digital, cientos de personajes famosos charlando animadamente. Como si de una convención de héroes de película se tratase, estaban el Joker, Ryu (el shinigami de Death Note), Jack Skeleton, Sakura Cazadora de Cartas, Mephisto (el demonio de Ao no Exorcist), Assasin Creed…

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Mephisto y Amaimon del anime Ao no Exorcist. Fuente: Virginia Ramírez

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Sakura CardCaptor. Fuente: Virginia Ramírez

Había stands para todos los gustos. Cómics y DVD se unían a pósters, pai-pais,  chapas, camisetas, figuras de acción, consolas, videojuegos, cds de música, pulseras, ropa, etc. En la entrada, una zona de relajación de Monster. El jeep de la bebida energética era sin duda el más visitado, con gente haciendo cola para subirse en él y hacerse fotografías.

Los héroes de acción se movían ágilmente por el recinto, en parte porque algunos de ellos tenían enormes alas para planear por el aire. También había algunos ninjas. El ruido y los gritos de la gran masa de personajes de cómic apenas dejaban oír la música proveniente del stand de Corea del Sur. Allí, chicos y chicas se aglutinaban emocionados junto a un escenario en el que aparecían videoclips de sus grupos favoritos de K-Pop. Algunos organizadores preparaban una coreografía mientras otros visitantes se recreaban cantando con el Sing Star canciones de K-Pop y J-Pop. Al rededor del escenario, un Quién es Quién con actores y cantantes surcoreanos, iniciación al Hangul (coreano) y algunas chapas y pai-pais de grupos de música.

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Sing Star de música coreana. Fuente: Virginia Ramírez

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Escenario de K-Pop. Fuente: Virginia Ramírez

El bullicio de las canciones coreanas y los transeúntes se mezclaba con la tranquilidad de un jardín japonés. Bonsáis con raíces centenarias, verdes y naranjas, ofrecían el lado místico y natural de la zona. Un estanque por el que caía artificialmente el agua rodeado de nenúfares los unía, mientras que el olor de la comida llegaba sobre mi cabeza.

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Bonsái en la zona japonesa. Fuente: Virginia Ramírez

Desde un Telepizza a un típico restaurante callejero japonés. En la zona de alimentación había platos para todos los paladares. Los adultos pedían porciones de pizza mientras sus hijos comían ramen. Los jóvenes personajes de cómic estaban en el restaurante japonés. Con bolas de papel roja iluminadas con caracteres japoneses, pedían gyoza y teriyaki mientras que un nipón nativo hacía la comida atrás, llenando de un humo oloroso el recinto. Los más golosos estaban justo al lado, en Mama Neko, donde doncellas con vestidos de encaje rosa servían pastelillos y cupcakes decorados artesanalmente. En La Maison du Bonbon dos grandes fuentes de chocolate fundido hacían a los padres tragar saliva.

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Mama Neko. Fuente: Virginia Ramírez

A los lados de los stands de ropa, música y merchandising, puntos para jugar a videojuegos. Niños pequeños ayudados por sus padres para sostener el mando, jóvenes héroes de Final Fantasy o Zelda jugando al Dance Dance Revolution con sus pies o tumbados leyendo cómics, mientras que algunos villanos jugaban a la PSP. En un lugar apartado, el cementerio. Donde se apilaban en modo de exhibición consolas y videojuegos tan clásicos que habían quedado desfasados. En contraste, a su lado MediaMarkt ofrecía las últimas tendencias en portátiles y juegos.

En ese mundo todo era posible. Podías encontrar a Batman y el Joker jugando a las damas o a un soldado imperial de Star Wars subido en el escenario bailando, mientras abandonaba a toda su tropa.  Finn y Jake de Hora de Aventuras dejaron su espada en casa y jugueteaban con Sakura Cazadora de Cartas y dos colegialas dando vueltas al rededor de los stands. El demonio Mephisto fue muy cuidadoso: observaba en silencio todo el lugar sin hacer ninguna trastada.

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Un soldado imperial bailando en el escenario. Fuente: Virginia Ramírez

Casi era la hora de cerrar, pero el lugar seguían tan lleno como a las seis de la tarde. El escenario de K-Pop aprovechaba los últimos minutos para sortear una tarta de gominolas a quien ganara un trivial con preguntas de doramas y grupos surcoreanos. Los héroes más rezagados compraban recuerdos en los stands mientras que en Tienda Konechi, dedicada a exportaciones de doramas y K-Pop, algunas colegialas intentaban regatear el precio de un cd de edición limitada por última vez.

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Autobús de la película Totoro hecho de papel. Fuente: Virginia Ramírez

El autobús de vuelta estaba tan lleno que el conductor apenas cabía en su cabina. Ejecutivos que regresaban a sus casas y ancianos con sus nietos miraban al interior del autobús descolocados. Y es que había sirenas charlando con Jack El Destripador, lolitas pasándose números de teléfono con demonios y un Joker muy calmado leyendo en su asiento el último manga de su colección. Eso sí, antes de bajar en su parada de vuelta a la normalidad, los colores chillones de las pelucas desaparecieron y las gabardinas ocultaron el vestuario de batalla de los héroes, mezclándose entre la multitud que hacía las compras navideñas cual Assasin Creed en su ‘modo monje’.

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